Pleitos históricos elevados ante la Real Audiencia de Canarias, siglo XVI al XVIII.

Pleitos históricos elevados a la Real Audiencia de Canarias: En los siglos XVI al XVIII

Authored by José-Luis Machado.

Este libro de 520 páginas va dedicado a los ABOGADOS EN EJERCICIO DE ESPAÑA, porque la colección de pleitos ante la Real Audiencia de Canarias y otros tribunales, así como el proyecto para instaurar la figura del Abogado General, señala un camino de dignidad, cuando la profesión era respetada socialmente por el alto grado de responsabilidad e implicación en costosos y dilatados juicios, y no como sucede ahora, que asistimos al desmantelamiento paulatino de una dignísima profesión inmemorial.
Trata de los pleitos elevados a la Real Audiencia de Canarias por familias de tanto prestigio como del Castillo Olivares, Manrique, Lercaro, Matos, Coronado, Falcón, Soria, Westerling, Perdomo, y otras más. Así como el proyecto del Abogado General; y la testamentaría de don Juan González Bossa, que legó su casa, sede actual de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife para que los Jesuitas establecieran un colegio en La Laguna o en defensa de los montes y la mesta de la isla.

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El jardín alegórico y la belleza.

Detalle de la fuente de Versalles

Todo no está en la proporción Áurea y su efecto en las edificaciones clásicas, pues hay algo que escapa y es a la luz del Renacimiento, de quienes somos hijos. Es decir, de una reinterpretación de la Antigüedad Clásica a través de “Los Jardines del sueño de Polifilo”.

“El tiempo regresa” fue la divisa de Lorenzo el Magnífico. En Bomarzo, los números sagrados: uno, dos, tres, conducen a la contemplación de los grados de la luz, donde de la luz negra del espíritu avanza hacia la luz blanca para intentar comprender la luz no creada. Ello se representó en los jardines, a una avenida bordeadas de estatuas que simbolizan los números y conducen a una construcción triple: la boca infernal que induce el negro primordial; un astrolabio que marca el blanco cósmico y una fortaleza que es la Ciudad de Dios, en quien la luz tiene su fuente, siguiendo el evangelio de Juan: “en el principio era el verbo, en él estaba la vida y la vida era la luz”.

Ello, así configurado en el Bosque sagrado del duque de Bomarzo, Vicino Orsini. Ya había sido recogido por el emperador Adriano, en su descanso de Tívoli: “el descenso al reino de las sombras, se hace necesario para volver a las delicias del canopus y a la plena luz del día”.

Ese mundo lo llevó a Francia Francisco I y luego Luis XIV, y de Fontainebleau a Versalles, que rememora las alegorías de Francesco Colonna.

Luis XIV dio instrucciones precisas de cómo debía mostrarse Versalles: comenzando por las esfinges coronadas, a la entrada del parterre del Mediodía, esfinges cabalgadas por amores, para detener al visitante y hacerle reflexionar sobre el enigma de la vida que le mostró el cardenal Mazarino, que disponía de un ejemplar de los Jardines del Sueño,  a través de su sobrina, gran amor del Rey Sol. Ese paseo termina, para abreviar, ante el estanque de Neptuno.

Así, que allí y aquí, en forma de alegoría es como se ha de contemplar la monumentalidad clásica, porque forma parte de la sabiduría divina que los antiguos conectan con nosotros en la emoción por la belleza y la proporción, para que el espíritu amplíe sus horizontes y escape de esta cotidianidad sombría.

(Reflexión sobre los Jardines del Sueño de Kretzulesco-Quaranta).

Entre desfavorecidos e inmaduros. Por qué todo va como va.

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Emplea Pascal Bruckner una metáfora de Richard Matheson, en la tentación de la inocencia, donde cuenta que un joven mientras toma el sol apaciblemente, es sorprendido por una cortina de lluvia que vivifica su piel. A partir de ahí comienza de forma continua a perder consistencia, a menguar de forma inexplicable. Su joven esposa a la que supera en estatura es ahora mucho más alta que él. Así va transcurriendo en días sucesivos su hacerse nadie, por lo que después de ser atacado por su gato, del que escapa milagrosamente, acabó escondido en la buhardilla, vigilando no ser atacado por una inmensa araña.

Todo esto que parece fantasía, es lo que nos está sucediendo al quedar el mundo cada vez más pequeño, con los vuelos transoceánicos surcando continuamente el cielo y comunicándose con Australia o Filipinas y con carácter inmediato a través del móvil y ordenador hace las distancia de las regiones y continentes sean cada vez más insignificantes.

Lo más sorprendente de todo es que eso no nos hace más libres, sino que de forma súbita, y acuciados por el control desmedido que ejerce el Estado sobre nosotros, el individuo se ha visto en la necesidad de escapar del agobio de una culpa de la que en realidad no es responsable, sino el sistema que nos tiene a todos acongojados con exigencias económicas que van más allá de lo razonable. De manera que las parejas no quieren tener hijos, y los jóvenes no quieren tener padres. La mayoría quiere libertad sin cargas ni contrariedades, y la precariedad de los trabajos y sueldos hace que los políticos presionen más sobre los gobernados que para escapar han decidido proclamar su inocencia, por medio de cualquiera de la fórmula del infantilismo o considerarse víctimas injustamente tratadas. De ahí surge la inmadura perpetuo que no renuncia a nada. Y la víctima que reclama compensación y consuelo, aunque tenga de todo.

Por si fuera poco, la izquierda histórica enarbola la bandera de estos pseudo desfavorecidos, para pasar de antiguos explotados en nuevos explotadores, como se ve en el chalet de Pablo Iglesias y el control de la TV pública, importándole un comino los verdaderos desheredados, que a lo único que aspiran es a ser hombres o mujeres como los demás.

 

Naturaleza del misterio.

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Los griegos denominaban «kore» a la fuerza vital como impulso de crecer que se produce en todas las primaveras, no solo referido a las plantas sino también al nacimientos de los animales, la mejor estación para sacar a la cría adelante; pero al mismo tiempo fueron los misterios eleusinos los que consagraron el secuestro de Kore, hija de Deméter, diosa de las cosechas, para indicar con ello la llegada del otoño, cuando la joven fue encerrada en el infierno y su madre entristecida por su pérdida castigó al mundo dejando que las hojas cayeran. Así que la pérdida de la s hojas al desaparecer Kore de la faz de la tierra, como su regreso en la primavera, constituye un misterio, y como tal un secreto que se ha de guardar para que siga siendo íntimo.

Cuando fui niño y me hablaron los padres escolapios del misterio de la Santísima Trinidad, yo no entendí nada, pero me rondaba la cabeza. Así que recurrí a mi madre, y le pedí una explicación. Fue cuando ella me dijo: «mira, si yo te lo pudiera explicar no sería un misterio». Y comprendí que el misterio se sustenta en sí mismo.

Lo mismo pasa con el mito eleusino de Kore, donde los iniciados guardaban silencio para tener conciencia del misterio –del no conocimiento– y esa confraternización de ir juntos para comprender lo indecible y darse a sí mismos una explicación, es lo que restituye anualmente la alegría y la esperanza.

(Comentario libre a “La muchacha indecible de Giorgio Agamben. Foto propia).