Pan o cuando la fealdad se adorna de atributos

Eros-Afrodita-y-Pan_Tilemahos-Efthimiadis

Fue una tarde a la caída del sol. Iba con la máquina desbrozadora limpiando la maleza para poder recoger de los castaños viejos sus esplendorosos frutos, cuando abrieran los erizos en las próximas lluvias y se precipitaran las robustas y brillantes castañas aquí y allá.

Sin darme cuenta me adentré en los dominios del dios Pan, no oí su afinada flauta por el ruido de la máquina, pero si tuve el presentimiento de entrar en una zona vedada al razonamiento.

Hay una teoría defendida por Jung entre otros, en que la naturaleza humana avanza en aspectos positivos pero arrastra su sombra, constituida por sus fracasos, sus nostalgias, las reprensiones injustas en la infancia o la educación; en definitiva, aspectos negativos sublimados dentro de una carrera exitosa pero que quedan ahí, en el subconsciente.

Pero mi sombra en el monte era la de Pan, tocándome un tobillo, o susurrándome en el oído a pesar del ruido de la máquina que no siguiera adelante. Hasta que dio una coz y reaccioné. Claro que reaccioné y paré la invasiva máquina. Este dios extraño estaba ante mí; mi mente, quizás embotada por tanto ruido la sentía como al salir de una sesión de cine demasiado larga, cuando los pensamientos se ralentizan, se hacen lentos y pesados, y fue cuando la densa bruma se apoderó del entorno, parecía un velo suave y transparente que se mantuviera erguida entre los árboles, sostenido por sus ramas. Pan estaba ante mí, me sonreía con la flauta entre sus dedos, pero no era una risa compasiva, sino irónica.

Aquella naturaleza salvaje cobijaba un ser deforme que correteaba tras las ovejas, hasta que ya aburrido se sentaba en una piedra a tocar la flauta. Siempre pendiente del descuido de las ninfas, cuando juguetean con los destellos de luz y distraídas les confiesan en voz alta sus confidencias.

Es entonces cuando surge de su flauta las más inspiradas melodías, al calor de la pasión y el deseo que lo consumen. Ellas ríes divertidas, y piensan «nunca va a cambiar».

Allí, vestido con su piel de cabra se atusa el vello pelirrojo de sus piernas caprinas, pero esta tarde, mientras me miraba parecía que pensara pero quién es este sujeto tan extraño y diferente a mí; quizás fue cuando atrajo la brisa del atardecer, esa que anticipa el ocaso, antes de despertar en él esos dones proféticos que lo hicieron famoso.

Sin duda era hijo de Hermes que nació del capricho de tener relación con una carpintera, por ello al sentir el taladreo de su pico supe que llegaría pronto la lluvia que acabaría de engrosar el ciclo de las castañas y nogales, y tan necesaria para el crecimiento de los pastos, y recordé cuando la ninfa Siringa, al sentirse acosada por este maldito dios cabra, pidió socorro a sus compañeras del agua dulce, que se apiadaron de ella y la transformaron en caña, y cuando Pan se dio cuenta que el viento silbaba al pasar por ella, y supo que eran los lamentos de la ninfa, cortó la caña y unió sus trozos con cera y construyó con ellos una flauta especial que llamó en su memoria siringa, para tocarla y sentir su armonía cuando la pasión y el deseo lo poseen.

Lo singular en contraposición a lo común, la deformidad adornada de atributos que resalta la vida interior y de la mano de la música y la poesía consagra la sublime presentación de lo ansiado. Ese fue Pan, que continúa vivo en este ilusorio monte en donde transcurre mi existencia, hablando también como la ninfa con esos destellos de luz cuando parpadean ante mis ojos y digo lo que pienso en una conversación invisible.

IMPORTANCIA DEL AGUA EN EL ORIGEN DEL MUNDO CELTA.

20140719_10-57-36_sin_título_0060_DxO-768x1024

Los celtas, al contrario de otros pueblos, no veían a los dioses como sus creadores sino como antepasados o ancestros, de ahí viene que los druidas dijeran conocer sus intenciones y se consideraran intermediarios entre el mundo mortal y el eterno o inmortal. Elegían entre ellos a sus héroes y a sus heroínas, para invocarlos pidiendo su protección;

Ellos si creyeron en la creación primigenia –isin chétne tuiste–. En la mitología védica, según Peter Berretford, la creación comienza en el espacio –adití– donde fue formado el cielo Varuna y la tierra Aditya, o elementos masculinos y femeninos originales, donde Aditya no solo es la primigenia diosa madre sino también la fuente de todas las aguas del mundo; así el primer hombre fue Manu y su hija Ida, y su nacimiento se produjo el día que Manu ofreció a Vishnu un banquete ceremonial en agradecimiento por salvarlo del diluvio universal.

Los mitos celtas nos llevan a la diosa madre Danu, que en realidad es el recuerdo del gran Danubio o Duna, cuando vivían los celtas en sus riberas, pues dana significa «agua del cielo», y corriente rápida en céltico, y así también denominaron el río Don en Escocia y en Francia, que engendró hijos llamados Tatha Dé Danann, donde la fuente que mana incesante es gracia que discurre desde la misma divinidad; y es allí, en esa proximidad de lo primigenio, donde se revela éicse o la sabiduría, el conocimiento, la poesía y también la adivinación. Los hijos de Danu procedían de cuatro ciudades fabulosas ribereñas del Danubio, de donde llevaron consigo cuatro tesoros: de la ciudad de Falias «la piedra del destino o lia fáil»; una espada de Gorias, que fue el origen de –excalibur–; de Finias «la lanza de la victoria»; y de Murias el dagda o «caldero de la abundancia».

Cuando los hijos de la diosa Danu llegan a Irlanda, al confín, dejaron atrás a la madre, convertida en Danubio, y se produce un combate entre ellos, que enfrenta a la luz y el bien, contra los fomorios, que adoran la oscuridad y la maldad, y veneran a una diosa Domnu que vive en las profundidades del mar, ese combate aun se sigue produciendo en los terribles inviernos, durante las galernas y tormentas atlánticas que arrasan el mundo céltico, descargando las aguas del cielo sobre lo conocido. Al surgir la tregua, con el pálido sol sobre las cabezas de los mortales, dejan los contendientes sus armas y se entretienen en la felicidad del campo, disfrutando de los placeres de la vida, del amor natural, el arte y los juegos, las fiestas donde preciosas mujeres muestran su cultura y discuten, mientras otras danzan o cantan, y los jóvenes participan en las cacerías y los combates de emulación para ver quién es el mejor.

Los celtas pensaban que el alma estaba en la cabeza y así cuando Bran el Bendito fue herido mortalmente en Irlanda, suplicó a sus compañeros que llevasen su cabeza y la transportaran a Britania, la isla de los poderosos, para enterrarla allí, por eso, como les costó mucho llevarla hasta su destino, la cabeza de Bran bebía y comía mientras le daba instrucciones para mejorar la ruta y sortear los peligros, hasta que llegó a Tower Hill en Londres, y fue enterrada mirando como un vigía los pasos del enemigo, y así proteger a los suyos contra las invasiones, que provendrían de dicha isla.

Druidas o el equilibrio del conocimiento con la naturaleza

Roble con muérdago

Entre los celtas, los bosques y arboledas se consagraban a las divinidades, y recibían el nombre de sus espíritus, que habitaban un lugar que no podía ser profanado por los pasos del hombre, de manera que la penumbra ocupaba las mentes de los devotos que no podían curiosear bajo ningún concepto, sino solo vislumbrar su presencia por medio de la contemplación. «Adoramos la penumbra de los bosques, y el silencio perturbador que reina a su alrededor».

Entre los celtas, el conocimiento de los druidas los hacía expertos videntes, así en la escuela Alejandrina, discutieron druidas con pitagóricos sobre la inmortalidad del alma. Fue Hipólito el que narra que en realidad estas enseñanzas provenían del celta Zalmoxis. Pero Estrabón y Plinio el Viejo hablaron de la importancia de los bosques de robles para los celtas, y en especial del muérdago para los druidas. Razón por la que escogían el roble del que el muérdago es parásito, para formar arboledas, y utilizaban también sus bellotas, maderas y hojas, para todo lo relacionado con su vida cotidiana. Tal es así que la palabra –druidae– proviene del griego –drus–, que significa roble, porque esta palabra deriva de la raíz –dru-wid–  o conocimiento del roble, donde –wid– significa conocer. Así, que druida sería el sabio cuyo conocimiento es grande en medicina, astrología y el equilibrio del individuo por medio de su integración con la naturaleza.

Al respecto dice Plinio: «cualquier cosa que crezca en los robles la consideran enviada por el cielo, y como un signo de que el árbol ha sido elegido por los propios dioses. El muérdago, al ser difícil de encontrar se recogía con gran ceremonia, y concretamente en el sexto día de luna, preparando un sacrificio ritual para celebrar un banquete bajo el árbol que contenía el muérdago, y llevaban dos toros blancos cuyos cuernos se ataban para la ocasión. El druida, ataviado con su traje ceremonial blanco, subía al árbol, y con una hoz dorada cortaba el muérdago, que era recogido en un paño también inmaculado; a continuación se llevaba a cabo el sacrificio rogando a los dioses que sus ofrendas les fueran propicias y concedieran sus dones a los elegidos, al creer que al beber el muérdago producía no solo fertilidad sino también un antídoto contra los venenos. (Lo cual es descrito por Alejandro Cornelio nacido en el año 105 antes de Cristo).

Dijo Julio Cesar que «los druidas tenían prohibido escribir sus enseñanzas, aunque para otros aspectos de la vida, los druidas galos utilizan el alfabeto griego, aunque el calendario de Coligny, de conciliación del calendario lunar con el solar tiene signos numéricos latinos.

Existe en las sagas galesas el relato de Ceridwen, una bruja hechicera que tuvo dos hijos, y cuando el mayor Murfau lucho con Arturo en la batalla de Camluan, era tan feo que nadie se atrevió a combatir contra él, pues pensaban que podía tratarse del demonio. Y el otro hijo llamado Afagddu, (oscuridad absoluta) fue famoso por ser considerado el hombre más feo del mundo, y su apenada madre, para compensarlos, hirvió un caldero lleno de inspiración y ciencia para que su hijo bebiese de él y conociese los misterios del mundo, así todos lo respetarían por su sabiduría. Esto dio lugar a la leyenda del santo Grial, (según Peter Berrespord Ellis). Este caldero debía hervir durante un año y un día, quedando al final solo tres gotas. La bruja se ayudaba del ciego Morda que alimentaba el fuego de leña, mientras el chiquillo Gwion Bach removía la pócima para que no se pegara. Al terminar el rito, por descuido de la bruja las tres gotas cayeron sobre Gwion, que adquirió la máxima sabiduría y lo llevó a comprender y descifrar los secretos de pasado y el vaticinio del futuro, por lo que la bruja lo encantó en liebre, luego en pez, pájaro y al final en grano de trigo. Transformándose la propia bruja en perro de caza, nutria, halcón y gallina que al final tragó el grano de trigo. Cuando la bruja Ceridwen volvió a la forma humana se dio cuenta que estaba preñada, y cuando tuvo un niño era el mismo Gwion Bach reencarnado, que metió en un saco y arrojó al mar, pero unos pescadores lo atraparon en sus redes y lo rescataron. Al crecer se convirtió en el místico y poeta Taliesin, padre del druismo y poseedor del conocimiento del mundo.

Lo singular como contraposición a lo corriente, lo diferente adornado de atributos que resalta la vida interior y consagra la sublime representación de lo ansiado.

Pan enseña a Dafnis a tocar la zampoña

Entre los dioses, uno en particular no fue bien acogido por los olímpicos. Hablo de Pan, el semidiós que vivió en la Arcadia rural, donde pastoreaba rebaños de cabras y ovejas y también cuidaba de las abejas. Era el dios de las brisas del amanecer y del atardecer, revitalizadoras del largo descanso. Cuando estaba de humor, vivía en compañía de las ninfas, en la gruta Coriciana del Parnaso y se le atribuían dones proféticos y formaba parte del cortejo de Dionisio, al que seguía en sus costumbres. Era cazador, curandero, mujeriego y músico.Representaba la naturaleza salvaje y habitaba y disfrutaba de los bosques y las selvas, correteando tras las ovejas y espantando a los hombres que penetraban en sus terrenos. Llevaba en la mano un cayado de pastor y tocaba magistralmente la siringa, flauta de ocho agujeros que obtuvo de la ninfa Siringa, cuando despistaba paseaba por los bosques profundos. Nada más verla, Pan se enamoró de ella y la persiguió hasta la orilla del río Ladón. Entonces Siringa, al sentirse acosada, pidió socorro a sus compañeras náyades o ninfas del agua dulce, que se apiadaron de ella y la transformaron en caña. Pan, se dio cuenta que el viento silbaba al pasar por la caña, y creyó que eran los lamentos de la ninfa, por eso cortó la caña y unió sus trozos con cera y construyó con ellos una flauta especial que llamó siringa, para tocarla y sentir su armonía cuando la pasión y el deseo lo poseían.

Desde entonces a Pan le agradaban las malezas cercanas a las fuentes, a la sombra del bosque, en donde esperaba que aparecieran las ninfas para encantarlas con su flauta. Y tal fue su destreza en el uso de este instrumento musical, que Apolo le ofreció permutar el caduceo o báculo de olivo adornado con guirnaldas a Hermes, si este le conseguía la flauta siringa de Pan.

Aunque a veces se compadecía de los cazadores y los ayudaba a obtener presas, como era de naturaleza tranquila y sin duda perezoso de carácter, se abandonaba con frecuencia y caía sumido en el sueño de largas siestas, incomodándole que le despertaran, así, era especialmente irascible si se le molestaba con súbitos despertares, al igual que los habitantes de Arcadia, que tenían la creencia que cuando una persona duerme la siesta, no se la debe despertar bajo ningún motivo, ya que de esa forma se interrumpía el sueño del mismo dios Pan. Y si era despertado se convertía en un demonio del mediodía, por lo que profería súbitos gritos desde una gruta, para que se le oyera más con su voz amplificada. Pero en realidad, los propios arcadios le perdieron el respeto y si volvían de la caza sin haber obtenido nada, se atrevían a azotarle con cebollas albarranas o escilas, (como cita Teócrito en Idilios y también Robert Graves en los Mitos Griegos), que se acostumbraba plantar sobre las tumbas y le atribuían la virtud de curar la locura. Se le atribuía la generación del miedo enloquecedor. De ahí proviene la palabra pánico que, atribuida al temor incontrolado que sufrían las manadas y los rebaños ante el trueno y la caída de rayos.

El nombre de Pan deriva de «paein» pastar, y fue invocado por el culto a la fertilidad arcadio, y representado vestido con piel de cabra con su aspecto de extremidades caprinas y elegido como amante por las Ménades durante sus orgias en las altas montañas por su bien dotada constitución genital, donde el vino y la ebriedad acababan muchas veces en desenfreno; allí se invocaba el nacimiento de Pan que se representaba en la fuerza de una piedra fálica que ocupaba el centro de las ceremonias, pues los pastores creían que Pan fue hijo de Hermes que tuvo con un pájaro carpintero, que pronosticaba con su taladreo la llegada de la lluvia estival, tan necesaria para los pastos y la supervivencia de los ganados.

La paradoja de Pan es ser mitad cabra y mitad dios, al respecto dice el profesor de literatura griega de Oxford John Boardman que  «la imagen y la reputación de Pan son las más fácilmente reconocibles en el mundo moderno, pues habiendo nacido de la unión entre el dios embaucador Hermes y una ninfa de los bosques, Pan era la única deidad cuya forma era mitad animal y mitad divina. Al contrario de otras criaturas mixtas de la mitología griega, como son los centauros, sátiros y faunos, que eran mitad humanas y mitad animales. Esta característica única de Pan es una clave esencial para comprender su naturaleza como imagen divina».

Para Richard Stromer el personaje de Pan en la literatura griega «comienza en el Himno homérico» donde se describe la concepción y el nacimiento de Pan, así como cuando Hermes, su padre, llevó a un niño de tan extraño aspecto al Olimpo, envuelto en pieles de liebre de montaña. En realidad era una señal de cómo lo paradójico se convertiría en su sello de divinidad, lo distinto presentado como novedad, así como narró que su madre huyó horrorizada cuando nació. Sin embargo, los dioses del Olimpo quedaron prendados encantados de su singular morfología y de su encantadora risa.

La figura de Pan «contrapone a la polis, (según señala Bonnefoy) a los espacios selváticos», pues él es el protector de espacios agrestes, los arroyos que fluyen rápidos o suaves, los pastos abiertos a los que el encarna y protege. Un dios amado por el pastor y también por los rebaños, por su naturaleza enigmática y por la defensa de su conservación, que incluso lo convierte en terrible cazador de bestias salvajes cuando es necesario.

En contraposición a esta actividad, también compuso poesías bucólicas con las que deleitaba a Artemisa en sus cacerías. Dotado al mismo tiempo de una sensibilidad especial para el erotismo, y desde su enigmática naturaleza para la música y el baile. También sedujo a Selene en una orgía celebrada en la víspera del primero de mayo, cuando a la luz de la luna la reina de mayo montaba en la espalda de su hombre, antes de celebrar el ayuntamiento selvático con el elegido, lo que consiguió Pan cubriéndose con un vellocino de gran blancura, que ocultaron sus velludas y singulares patas, haciéndolas pasar por suaves piernas. Desde entonces, ambos fueron venerados en una caverna del Monte Niceo.

Fue Pan el que enseñó a Dafni a cantar y acompañarse de la siringa, y quien sabe si también fue su amante, desde su dotada constitución para hacer el amor, razón por la que fue protegido de las Musas, que lo inspiraban en el canto, la música, y el amor a la poesía. Se dice que antes de él los pastores llevaban una vida salvaje y que fue precisamente Dafnis quien los civilizó, enseñándoles a respetar y honrar a los dioses, y que difundió entre ellos el culto a Dionisio, inspirador de la locura ritual y el éxtasis, que celebraban solemnemente.

Respecto a la muerte de Pan, que escuchó el marino Tamo, sostiene Robert Graves que en realidad el piloto egipcio Tamo oyó mal, pues el lamento ceremonial dijo: –Thamus Pan-megas Tethnece–  «el todo grande Tamuz ha muerto» y él entendió: «¡Tamo, el gran Pan ha muerto!» y así lo recogió Plutarco, sacerdote de Delfos, pero cuando Pausanias realizó un viaje por Grecia un siglo más tarde, encontró templos y altares y cuevas sagradas dedicadas a Pan, al que veneraban sus fieles. Aún y todo, se conservaba en una caverna consagrada a Artemisa su flauta que servía para la iniciación de doncellas con su sonido.

Lo singular como contraposición a lo común, la deformidad adornada de atributos que resalta la vida interior y de la mano de la música y la poesía consagra la sublime presentación de lo ansiado. Ese es Pan, que continúa vivo y entre nosotros.