Vínculos entre las dos orillas del Océano Atlántico.

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En este libro, titulado de esta forma tan poética, trato no solo familias, sino también gestas, pues el Océano Atlántico en su desmesura necesitó hacerse transitable, abarcable a los pobladores que lo cruzaban en distintas épocas y por diferentes motivos. Hay gestas como la de Pedro Fernández de Lugo y su capitán de conquista Jiménez de Quesada al remontar el río grande de la Magdalena a principios del siglo XVI o la gesta del políglota san José de Anchieta Díaz de Clavijo, apóstol del Brasil, su origen familiar vasco-tinerfeño, pero educación jesuítica en Portugal, donde marchó a los catorce años. También contempla la historia de familias como la fundada por don Esteban Arriaga y Amézaga y su gesta en el crucero Conde de Venadito, que ilustra la portada, cuando salió del puerto de La Habana asediada por la armada de los EEUU y rompió el bloqueo, ante el desconcierto de los sitiadores. Habla de sus descendientes hasta la actualidad, con sus enlaces. De la familia Brotons y Brage, de origen noruego, cocinero del Valhalla, derivado del vikingo Valhöll, o paraíso de los caídos en la lucha. Habla de la familia Renshaw y su venida desde Filadelfia a Tenerife y su desarrollo económico en la isla y Venezuela, donde llegó a ser cónsul de los Estados Unidos. También de otras familias de Tenerife como los Montenegro o de La Palma como don Juan Cabrera Martín. En fin, es un libro descifrador de enigmas, de pleitos familiares como los sostenidos por los Franchi y Ponte. También del origen de la fortuna de los Fernández, de los Llanos de Martiánez o la de don Bernardino González y Hernández Salgado. En definitiva, es un libro para desvelar enigmas y conexiones existentes entre las dos orillas de este proceloso océano que tanto miedo causaba a los antiguos.

 

LA FLORIDA Y EL ORIGEN DE LA MILICIA TERRITORIAL NEGRA EN 1738.

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La Florida española propició la huida de esclavos negros de ambos sexos desde la vecina colonia inglesa de Carolina del Sur, pero este fenómeno se incrementó a partir de 1740 en que se produce el asalto al fuerte Mosé, dentro de una escaramuza que se puede englobar en la contienda que una vez más enfrentaba a Inglaterra con España y llamada la Guerra del Asiento y también la Guerra de la Oreja de Jenkins.

¿Qué representaba este fuerte ubicado en La Florida? Estaba vigilado por la milicia de negros libres que habían huido de las colonias británicas para refugiarse en La Florida española donde el régimen de esclavitud era mucho más permisivo, ya que les permitía tener dinero propio, con el cual comprarían su libertad, llegado el caso, se les autorizaba a llevar a los tribunales de justicia a sus dueños y mantenía las familias unidas al estar prohibido venderlas por separado. Al llegar estas noticias a los esclavos de las colonias británicas, provocó un éxodo, al principio lento, que se fue incrementando con el paso del tiempo.

Comenzó en fecha tan temprana como 1668, en que ya estaba fundada San Agustín, en La Florida, y hacia donde los esclavos de los colonos británicos intentaban escapar, lo cual acarreaba una enorme dificultad porque si eran apresados en su huida serían terriblemente castigados. La primera noticia de llegada de esclavos de esta naturaleza se produjo sobre 1687, cuando cruzaron la frontera ocho hombres, dos mujeres y un niño. A partir de esa fecha se produce un goteo incesante. Esto llega a noticias del Rey don Carlos II, que en 1693 otorga una real cédula en la que dice: «dando libertad a todos, tanto a los hombres como a las mujeres, sea ello ejemplo de mi liberalidad y dé lugar a que otros hagan lo mismo». Con lo cual el efecto llamada seguiría su curso. Precisamente, en 1738 se escapan cien esclavos de la demarcación británica y ello dio origen a una aldea fortificada o presidio que fue bautizado como «Fuerte de Gracia Real de Santa Teresa de Mose», a unos pocos kilómetros al norte el castillo de San Marcos. Constituyendo el primer lugar en lo que hoy en día son los actuales EEUU de Norteamérica en que los negros vivieron en libertad. Esto ha sido tratado por las escritoras Darcie Mac Mahon y Katlheen Deagan en una obra titulada «Fort Mose: Colonial America´s black fortress of freddom». Pero no paró ahí la cosa, ya que el gobernador de San Agustín don Manuel de Montiano ordenó, con permiso de la Corona, constituir bajo bandera española una Milicia Territorial Negra, mandada por sus propios oficiales en 1738. Es su primer capitán don Francisco Menéndez, que había sido esclavo evadido de Carolina del Sur, y fue instruido adecuadamente en el manejo de las armas de tal forma que dicha Milicia Territorial Negra se constituyó en un cuerpo operativo y eficaz, pues además unían un gran conocimiento del territorio enemigo y con verdadero interés en defender su libertad. El Fuerte Mose, al estilo de los presidios españoles, disponía de una muralla o empalizada, con varias torres y sobre una veintena de casas, con iglesia en el centro o patio de armas, habitado por un centenar de personas en régimen familiar. Al comenzar la Guerra del Asiento en 1739, invadió La Florida el general inglés James Oglethorpe, gobernador de Georgia, con la intención de apoderarse de San Agustín. De esta manera, tropas regulares de Carolina del Sur y Georgia, unidos a voluntarios de la milicia y un contingente indio de las tribus Creek y Uchise, así como ochocientos esclavos negros que llevaron de auxiliares, formaron un ejército invasor que apoyaba por mar una escuadra de siete navíos de la Royal Navy. El gobernador don Manuel de Montiano solo disponía de seiscientos soldados, incluyendo los refuerzos que previniendo el ataque había solicitado a Cuba. Debido a la desigualdad numérica, decidió resistir atrincherándose, con esporádicas salidas para atacar a los invasores. Se acercaba a San Agustín una columna inglesa de ciento setenta soldados comandada por el coronel John Palmer, que ocuparon el Fuerte Mose, que había sido abandonado por la Milicia Territorial Negra al recibir esta orden del gobernador. Pero el 25 de junio, ordenó su reconquista bajo el factor sorpresa, pues aprovecharon la noche para realizar el ataque dirigido por el capitán don Antonio Salgado, al frente de tropas regulares españolas y las Milicias Territoriales Negras capitaneadas por Francisco Menéndez e indios amigos. Este ataque sorprendió al enemigo que se encontraba durmiendo. Esta victoria desmoralizó de tal forma a las fuerzas británicas que Oglethorpe ordenó la retirada de sus tropas. Así, a finales de junio, San Agustín recibió con alivio la llegada de nuevos refuerzos desde La Habana por mar, que al ver los navíos británicos llegar a la flota española retiraron la suya. El Fuerte Mose no fue reconstruido, y los valerosos integrantes de las Milicias Territoriales Negras se establecieron con sus familias en San Agustín ya en 1740, como ciudadanos libres e iguales.

COLONIA DE SACRAMENTO ENTRE PORTUGAL Y ESPAÑA

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Calle de los suspiros de Colonia de Sacramento

Quien transportó las tropas para liberar Colonia de Sacramento, en Uruguay, de los portugueses fue don Francisco de Borja y Poyo, que había nacido en Cartagena en 1733, fue segundo marqués de Camachos, título de las Dos Sicilias, y capitán general de la Real Armada. Es de destacar su gesta que comienza cuando por real orden de 17 de febrero de 1776 se le asciende al grado de capitán de fragata y se destina al navío San Dámaso, que pertenecía a la escuadra del general marqués de Casa Tilly, su suegro. Reciben orden de zarpar de la bahía de Cádiz para dar escolta al convoy que transportaba el cuerpo expedicionario de Ejército al mando del general Ceballos con destino a Brasil. Los portugueses se habían apoderado de varias islas en los límites que habían sido demarcados como españoles. Llegan a la isla de Santa Catalina, en Brasil, que fue reconquistada, así como otras poblaciones de los alrededores y continuando con Colonia de Sacramento, en la desembocadura de la Plata, que también volvió a España. Lo cual fue causa que los dos reinos firmasen la paz. Después de esta misión, recibió órdenes para que el San Dámaso se incorporase a la escuadra del general don Adrián Caudron de Cantín, volviendo a la Península. Fue entonces, durante el mes de junio, cuando se declaró la guerra a Inglaterra, formándose una escuadra al mando de don Luis de Córdova, incorporándose el San Dámaso a ella, yendo también la francesa del conde de D´Orvillers, con treinta y seis navíos. Salieron de la bahía de Cádiz y doblaron el cabo de San Vicente, yendo hacia Finisterre, donde se les unió la escuadra de Ferrol, lo cual hizo una escuadra de 68 navíos con veintiún mil hombres y 2.636 cañones, que se dirigió hacia el canal de la Mancha al mando de Córdova. Eso hizo retroceder al almirante Hardy con su escuadra, que se resguardó en los puertos litorales ingleses más próximos.

En el mes de diciembre de 1781, se encomendó a don Francisco la escolta de un convoy de siete navíos cargados de azogues y mercaderías varias para América, comandando una escuadrilla de cuatro navíos y dos fragatas, con la misión de reforzar la defensa de España en la costa del Nuevo Reino de Granada, actual Colombia y Panamá. Arribó a Guarico después de treinta y ocho días de navegación, y luego se dirigió a Santo Domingo donde protegió a un convoy de buques franceses de San Nicolás hasta Guarico, yendo luego al encuentro de la escuadra del general don José Solano que navegaba a la altura de Monte Cristi. Su escuadra arribó a la Habana, a donde llegó el 21 de diciembre de 1782 y recibió una real orden en que lo ascendían a general jefe de escuadra por el Rey Carlos IV.

Contrajo matrimonio en Cartagena, en 1767, con doña Pascuala Everardo-Tilly y Panés, segunda marquesa de Casa Tilly, dama de la orden militar de la Banda de la Reina María Luisa, nacida en Cartagena. Tuvieron varios hijos varones de los que sobrevivió don José de Borja que heredó a su padre, pues Felipe y Francisco María, murieron antes de 1804 de una epidemia de cólera.

Don Francisco de Borja fue capitán general de la Real Armada, caballero de la Orden de Santiago, gran cruz de la Orden de Carlos III, comendador de Fuente del Emperador en la Orden de Calatrava, gentilhombre de cámara del Rey con ejercicio, alcalde mayor perpetuo honorífico y regidor de preeminencia de Cartagena. Fue asesinado por la turba en junio de 1808, al ser tachado de afrancesado, lo que no lo era. Primero fue sustituído como capitán general por Baltasar Hidalgo de Cisneros y luego excluido de la Junta de Defensa por Fernando VII. Sin la protección de cargo público alguno, como correspondía a su rango, se tuvo que refugiar en el convento de los Franciscanos y luego en su domicilio con guardia de honor que no sirvió de nada. La turba asaltó su domicilio y se libró su esposa por la ayuda de don Jacinto Sanz de Andino, pero él fue vilmente asesinado el 10 de junio de 1808, acusado de ser seguidor de Godoy, siendo arrastrado por las calles y golpeado sin consideración alguna hasta que murió. Sirva este escrito en memoria de su gesta.