El jardín alegórico y la belleza.

Detalle de la fuente de Versalles

Todo no está en la proporción Áurea y su efecto en las edificaciones clásicas, pues hay algo que escapa y es a la luz del Renacimiento, de quienes somos hijos. Es decir, de una reinterpretación de la Antigüedad Clásica a través de “Los Jardines del sueño de Polifilo”.

“El tiempo regresa” fue la divisa de Lorenzo el Magnífico. En Bomarzo, los números sagrados: uno, dos, tres, conducen a la contemplación de los grados de la luz, donde de la luz negra del espíritu avanza hacia la luz blanca para intentar comprender la luz no creada. Ello se representó en los jardines, a una avenida bordeadas de estatuas que simbolizan los números y conducen a una construcción triple: la boca infernal que induce el negro primordial; un astrolabio que marca el blanco cósmico y una fortaleza que es la Ciudad de Dios, en quien la luz tiene su fuente, siguiendo el evangelio de Juan: “en el principio era el verbo, en él estaba la vida y la vida era la luz”.

Ello, así configurado en el Bosque sagrado del duque de Bomarzo, Vicino Orsini. Ya había sido recogido por el emperador Adriano, en su descanso de Tívoli: “el descenso al reino de las sombras, se hace necesario para volver a las delicias del canopus y a la plena luz del día”.

Ese mundo lo llevó a Francia Francisco I y luego Luis XIV, y de Fontainebleau a Versalles, que rememora las alegorías de Francesco Colonna.

Luis XIV dio instrucciones precisas de cómo debía mostrarse Versalles: comenzando por las esfinges coronadas, a la entrada del parterre del Mediodía, esfinges cabalgadas por amores, para detener al visitante y hacerle reflexionar sobre el enigma de la vida que le mostró el cardenal Mazarino, que disponía de un ejemplar de los Jardines del Sueño,  a través de su sobrina, gran amor del Rey Sol. Ese paseo termina, para abreviar, ante el estanque de Neptuno.

Así, que allí y aquí, en forma de alegoría es como se ha de contemplar la monumentalidad clásica, porque forma parte de la sabiduría divina que los antiguos conectan con nosotros en la emoción por la belleza y la proporción, para que el espíritu amplíe sus horizontes y escape de esta cotidianidad sombría.

(Reflexión sobre los Jardines del Sueño de Kretzulesco-Quaranta).

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