Salinger o sobre un libro de guerra.

“Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo cuando van entre el centeno, muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños, y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilandolos. Sólo yo. Estoy al borde del precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Yo sería el guardián entre el centeno”
J. D. Salinger o mejor dicho: Jerome David Salinger, nació en Nueva York el 1 de enero de 1919 en Cornish. Es conocido por El Guardián en el Centeno, publicado en 1951, donde suelta frases como ésta: “No sé por qué hay que dejar de querer a una persona sólo porque se ha muerto. Sobre todo si era cien veces mejor que los que siguen viviendo”.
Perteneció a una familia acomodada que vivía en la 5ª Avenida frente al Central Park y se educó en buenos colegios, además salió con Oona O´Neill, juvenil musa del Nueva York de su tiempo, llamada por Truman Capote “el cisne”, hija de Eugene O´Neill, premio Nobel y Pulitzer, que después sería esposa en 1943 de Chaplin, lo que consideró Salinger una traición, ya que sucedió mientras él luchaba en el frente, y se enteró al dejar de recibir sus cartas y leer la noticia en los periódicos. Participó en el desembarco de Normandía en el Día D. Y sufrió una de las mayores carnicerías cuando su unidad fue diezmada, por el empecinamiento de avanzar por un bosque donde la artillería alemana provocaba verdaderos estragos de muerte y destrucción. Luego, liberó un campo de concentración. Con todo volvió a América con síndrome de guerra que lo hizo aislarse del mundo, viviendo un una colina donde se fabricó un búnker separado de la casa familiar. El guardián el el Centeno, que lo llevó en la mochila durante la contienda, es sin duda por ello un libro de guerra, que fue escribiendo en las guardias para sobrevivir al horror, pero también la fama que súbitamente produjo lo aisló de las masas, aunque siguiera conservando amistar con sus tres compañeros de guerra. Casó dos veces y tuvo dos hijos. Viajó mucho y siempre de incógnito.
Lo atrapó la religión vedanta: por la que “la realidad está condicionada, como un espejo torcido, por el tiempo, espacio y causalidad. Nuestra visión de la realidad se ve aún más distorsionada por la identificación equivocada: tendemos a identificarnos más con el cuerpo, la mente, y el ego, que con el el divino ser que mora en nuestros interior”. Así que esta religión más que ayudarlo los separó y aisló de la creación literaria. Murió el 27 de enero de 2010. Él escribió: “Los libros que de verdad me gustan son esos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras”.

Fotos: Salinger y su hermana Doris. Oona O¨Neill.​

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