Exabruptos y demasía en lo cotidiano.

Jeanne Eagels

¿Por qué es tan difícil de entender que toda persona tiene derecho a vivir de su trabajo y a que se le reconozca su dignidad por el simple hecho de desarrollarlo?

Dada la fragilidad evidente del ser humano para defender sus necesidades vitales en todos los momentos de su vida, pues ha de contar con sus padres para que se ocupen de él un tercio de su vida, en el segundo tercio de su existencia se le exige que entregue parte de lo que gana a la comunidad, por un llamado principio de solidaridad del que abusa el Estado, y a la vez contrae obligaciones con la familia a la que la naturaleza lo llama a formar, y lo obligan a criar y educar a sus propios hijos con la ayuda su cónyuge, entregando ambos sus sueldos y honorarios a las entidades financieras en largas obligaciones crediticias de cuyos beneficios han vivido conocidos parásitos. ¿Qué le queda en su periplo vital a este ser humano cuando se hace mayor? Nada.

Hemos atravesado una crisis que ha arruinado a multitud de familias. Alrededor vemos las dificultades de conocidos que lo siguen pasando mal. Experimentamos en carne propia la pérdida de valor de las profesiones liberales, de los artesanos y los artistas. Los actores no ganan lo suficiente para mantenerse con su trabajo. Sin embargo, nos ofrecen continuamente créditos al consumo, nos deslumbran con modelos de vehículos que interrumpen los programas de televisión ofreciendo cuotas asequibles pero que comprometen la estabilidad de la economía familiar; solo se anuncian las compañías de seguros en la radio.

Las encuestas políticas demuestran que la demagogia hacer perder votos a los partidos que la practican, sin embargo, sus líderes viven pendiente de un debate interno artificioso y vacuo, que no soluciona los graves problemas de la población. Los líderes no unen a la población sino la dividen, y los políticos sobran en gran cantidad. No hay un debate sobre cómo salir adelante, sino sobre la Guerra Civil y quién tenía razón. Los hijos de falangistas y militares son muchos radicales de izquierdas y en general pretenden sustituir cuarenta años de existencia por cinco de exabruptos y demasías, como fue el terror rojo en España.

Reivindico el derecho al trabajo debidamente remunerado, de la población que se prepara cada día para salir a desarrollarlo, y también he de señalar a tantos mal encarado que emplea las Cortes para vender ideas demagógicas, sin aportar ni una sola solución.

(Foto: Jeanne-Eagels, de quien John-Gilbert no paró de lanzar exabruptos en el rodaje de Man, Woman and Sin, Monta Bell, 1927).