En homenaje a las costureras y los sastres o la demagogia en la percepción del valor de un oficio.

Costurera de Vermeer

Si visitamos el Museo del Prado o el Rijksmuseum de Ámsterdam, nos llama la atención los retratos de los grandes maestros de la pintura, pero como el mundo de las apariencias se diferencia del real, porque tiene una complejidad que pasa desapercibida para los espíritus sencillos, a poco que nos fijemos captamos la vestimenta de los personajes representados. Retratan a personas importantes y también sencillas y, en la vestimenta, a ojos de mano experta se puede captar la perfección de una obra de artesanos, en su mayoría anónimos, que los vistieron y que ocuparon un digno lugar en el entramado de las relaciones sociales de épocas pasadas. A modo de ejemplo citar que san José de Anchieta era nieto del sastre de Urrestilla, Azpeitia, aunque su padre fuera escribano público de corte, como confirmó don Antonio Rumeu.

Son los sastres y las costureras, oficios muy valorados en tiempos pasados, en que la ropa se cocía en obradores y en las casas, pero sucede que también ocurre hoy en día, y así vemos que cuando una persona quiere ir bien vestida, recurre a ellos, confiando en la destreza de un oficio que los llena de orgullo y reconocimiento general.

Las costureras en Canarias gozan de reconocimiento y estima, pero es que las mujeres canarias saben coser y desde las telas compradas al por mayor saben cortar por medio de patrones y armar las ropas para los carnavales y las romerías, de las fiestas que consideran que han de intervenir con amor y sacrificio, como requiere cualquier obra bien realizada por mano experta que se precia de tal.

Así, pienso que deberían marcar, en los vericuetos de las entretelas sus señas de identidad, como hicieron los maestros canteros, para que años después se recuerde quién hizo el traje de mago que lleva una nieta, pero que fue elaborado por manos primorosas a la abuela.

Por eso, porque el mundo de las apariencias se diferencia del real, al tener estos oficios una complejidad que no captan los espíritus simples, es por lo que quiero dejar testimonio del mérito y valor de los que formaron parte de los antiguos gremios y siguen hoy en día ocupados de estas labores, como son los sastres y las costureras, orgullo y patrimonio de una sociedad compleja y plural y que descalifica a demagogos y oportunistas que niegan este mérito incluso a sus propios ancestros y que es motivo de esta reparación.

(Imagen: la costurera de Vermeer).