La aclamación y la demagogia como enemigos de la democracia.

Acrópolis ágora

Un mecanismo es una estructura que la sociabilidad humana genera para poderse gobernar. Esa estructura se configura por individuos que piensan de la misma manera y forman los Partidos Políticos; es decir, confluyen a través de la ideología para alcanzar un objetivo o finalidad transformadora de la sociedad, confrontando ideas con ideologías distintas. En la Atenas clásica y en época de Pericles estaba prohibido llevar propuestas demagógicas al ágora, lugar que configuraba el centro de la actividad política, administrativa, comercial y social de la antigua Atenas. Y quien lo hacía, contraviniendo la norma, se le prohibía la entrada y el uso de la palabra.

Desde que existen partidos políticos, que superan las camarillas de corte, estos configuran el mecanismos del ejercicio democrático, y se nutren por medio de procesos electorales marcados en sus estatutos, pero nunca por aclamación en asambleas donde triunfa la demagogia y al sentimentalismo, revestido de progresía o nacionalismo, porque de la unión de los que tienen la misma ideología surge la controversia con el oponente que piensa de distinta forma. Pero, cuando el interés voluntarista del líder y su camarilla supera al del órgano de gobierno del Partido, también democrático al provenir de congresos, y surge la aclamación como dirimente del oponente, sin duda se ha entrado en la descomposición democrática que lleva irremediablemente a un sistemas político totalitario.

 

Incendio del real convento e iglesia de la Candelaria en 16 de febrero de 1789.

primitiva imagen de la Candelaria

Sucedió en la madrugada del dieciséis de febrero de mil setecientos ochenta y nueve, después del toque de queda, cuando sucedió el incendio que prendió en el Convento de Candelaria. Esa noche había viento huracanado y se propagó a todo el edificio, destruyendo también el archivo y la biblioteca que con tanto cuidado había mandado reunir y ordenar el obispo que fue de Canarias don Bartolomé García Ximénez. Solo murió un religioso ciego. Los demás dominicos, poco pudieron hacer con las prisas por salvar la imagen de la Virgen y los objetos de culto.

El Cabildo de Tenerife, reunido urgentemente tomo el acuerdo siguiente: «Digo que respecto a la quema sucedida el día 16 de mes pasado, de la iglesia y convento real de la Candelaria, le parece muy preciso que por este Cabildo le suplique a la manda pía que se digne conceder facultad de que se den de los propios 1.000 ducados de estas islas para la reedificación de la capilla mayor de la iglesia, por ser la milagrosa imagen de nuestra señora de Candelaria y convento del real patronato que representa este Cabildo en nombre de S.M. y que en todas ocasiones de necesidad y vigencia ha concurrido este Cabildo a contribuir en lo que le ha sido posible como tal patrono, como se verifica en dicha ocasión que se reedificó dicha capilla mayor y se dieron 1.000 ducados, de que visto bueno se dio recibo a probación, y siendo ahora más vigente por lo acaecido del incendio y estar el Sacramentado y la imagen en una cueva inmediata a la iglesia incendiada, que ha servido de ermita de San Blas en el Socorro, el que le señale y den 1.000 ducados para la expresada capilla y, se ocurrirá por su aprobación a su mandamiento, haciendo la súplica correspondiente según lo pide la urgencia del asunto». Así, permaneció la imagen de la Virgen de la Candelaria catorce años en la cueva de San Blas, en lo que se levantaba un nuevo edificio.

Veinte años había permanecido el templo y convento que ahora se quemaba, mandado edificar en 1669 por el obispo don Bartolomé García Ximénez sobre la primitiva iglesia de la Candelaria, donde está su sepultura. La basílica fue consagrada el 28 de diciembre de 1739, por el arzobispo natural de la isla de La Palma don Domingo Pantaleón Álvarez Abreu.  En cuanto al Real Convento, se edificó de nueva planta, que fue mandado construir en 1729 por orden del prior fray Félix de Guzmán, provincial de la orden de santo Domingo en Canarias.

Imagen: primera imagen de La Candelaria.

La inactividad como atributo.

inclemencia (2)

Siempre nos enseñaron que la actividad es el origen del progreso, que es por medio del esfuerzo como los individuos y las familias van a logran más niveles de bienestar.

Hoy vivimos tiempos extraños, los universitarios terminan sus carrera y no tienen salidas profesionales, condenados a la inactividad. Sin embargo, no se comprende la actividad frenética de ciertas entidades financieras, cuando ofrecen préstamos con todo tipo de facilidades con una mano, y con la otra persiguen cantidades a veces irrisorias a sus antiguos clientes, ejecutando hipotecas por importes de deudas que ni de lejos llegan al valor de los bienes ejecutados.

Si en la crisis se hubiera inyectado dinero a las pequeñas y medianas empresas, Pymes, y a los autónomos, estos hubieran pagado a los Bancos que no hubieran tenido que ser rescatados, pero se decidió por el Estado rescatar a las entidades financieras, arruinando a la clase media. Y a su vez los rescatados ejecutaron sus créditos por lo que resarcieron dos veces sus deudas, una por la ejecución de sus créditos a sus clientes, y por el rescate del Estado, mientras que la clase media se ha encontrado que ha perdido sus propiedades y negocios y no fueron ayudados cuando más lo necesitaron, llevándolos a una situación de inactividad como atributo.

(Imagen: Boy walking alone in the rain).