Vínculos entre las dos orillas del Océano Atlántico.

En este libro, titulado de esta forma tan poética, trato no solo familias, sino también gestas, pues el Océano Atlántico en su desmesura necesitó hacerse transitable, abarcable a los pobladores que…

Origen: Vínculos entre las dos orillas del Océano Atlántico.

Vínculos entre las dos orillas del Océano Atlántico.

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En este libro, titulado de esta forma tan poética, trato no solo familias, sino también gestas, pues el Océano Atlántico en su desmesura necesitó hacerse transitable, abarcable a los pobladores que lo cruzaban en distintas épocas y por diferentes motivos. Hay gestas como la de Pedro Fernández de Lugo y su capitán de conquista Jiménez de Quesada al remontar el río grande de la Magdalena a principios del siglo XVI o la gesta del políglota san José de Anchieta Díaz de Clavijo, apóstol del Brasil, su origen familiar vasco-tinerfeño, pero educación jesuítica en Portugal, donde marchó a los catorce años. También contempla la historia de familias como la fundada por don Esteban Arriaga y Amézaga y su gesta en el crucero Conde de Venadito, que ilustra la portada, cuando salió del puerto de La Habana asediada por la armada de los EEUU y rompió el bloqueo, ante el desconcierto de los sitiadores. Habla de sus descendientes hasta la actualidad, con sus enlaces. De la familia Brotons y Brage, de origen noruego, cocinero del Valhalla, derivado del vikingo Valhöll, o paraíso de los caídos en la lucha. Habla de la familia Renshaw y su venida desde Filadelfia a Tenerife y su desarrollo económico en la isla y Venezuela, donde llegó a ser cónsul de los Estados Unidos. También de otras familias de Tenerife como los Montenegro o de La Palma como don Juan Cabrera Martín. En fin, es un libro descifrador de enigmas, de pleitos familiares como los sostenidos por los Franchi y Ponte. También del origen de la fortuna de los Fernández, de los Llanos de Martiánez o la de don Bernardino González y Hernández Salgado. En definitiva, es un libro para desvelar enigmas y conexiones existentes entre las dos orillas de este proceloso océano que tanto miedo causaba a los antiguos.

 

La autonomía de la mujer en el mundo celta

Las sagas célticas hablan de mujeres guerreras, así nombran a Bodicca, que además de reina fue druida, mencionada por Tácito cuando dice en sus Anales “que no es la primera vez que los britan…

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La autonomía de la mujer en el mundo celta

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Las sagas célticas hablan de mujeres guerreras, así nombran a Bodicca, que además de reina fue druida, mencionada por Tácito cuando dice en sus Anales “que no es la primera vez que los britanos fueron conducidos a la batalla por una mujer”. Su contemporánea Cartimandua (el pony elegante), gobernó con fuerte personalidad a los brigantes desde el 43 d.C. Se cuenta que estaba casada con Vejutios, que intentó quitarle la corona, pero descubierto en su complot lo repudió y se casó con su auriga Vellocatos. La caudilla gala Onomaris, llevó a los celtas a Hispania a través de los Pirineos. Cuenta Plutarco la historia de Chiomara, caudillo de los celtas gálatas, que fue capturada por los romanos y un centurión la violó, pero al darse cuenta que era mujer de alto rango pidió un rescate, que su marido Ortagion accedió a pagar. Se acordó el intercambio en la ribera de un río, lugar mágico en la cultura celta, de manera que cuando el centurión estaba recogiendo el oro, Chiomara lo decapitó y atravesó el río llevando su cabeza a la manera celta, mientras gritaba a los suyos: “mujer buena cosa es, algo mejor solo es un hombre que haya sobrevivido tras copular conmigo”. Veleda era respetada por los celtas del Rin, de tal forma que no permitían que se le acercara nadie que ella no eligiera y, desde su torre levantada en el centro de un bosque sagrado, hacía oráculos que se cumplían sobre lo que sucedería incluso al año siguiente, según cuenta Tácito en su Germania, cuando dice: “Hay, en mi opinión, algo sagrado en el sexo femenino, y es el poder de prever los acontecimientos futuros. Sus consejos era por los celtas siempre escuchados y considerados oraculares”. Lo que llamaban el “imbas forasnai” o la luz de la previsión, aunque ello supusiera anunciar una derrota, como anticipa Fidelma, al ejército de Medb contra las tropas de Mac Nessa del Ulster. Por qué no citar a Brígida, que fue una “ban-drui” antes de hacerse cristiana, pues su padre que era druida la inició en dicha tradición. Estableció el primer cenobio cristiano alrededor de los grandes robles en Kildare, llamada la iglesia del roble y su biógrafo Cogitoso, la relaciona con Brigit, la diosa de la fertilidad celta, haciendo coincidir el día de santa Brígida con el festival de Imboloc, también llamado Oímelg o parto, que se consagra a la diosa Brigit, que era su protectora, entre el 31 de enero y el 19 de febrero, tal día como hoy.

(Fuente: Peter Berresford Ellis: Druidas. Castaño centenario)

La importancia de la conciencia de estar.

Hay un tema del que quiero hablar. Mirando a mi alrededor veo a mis amigos y a otras personas ocupadas en preocupaciones que le son ajenas y, de las que hablan como si le fueran propias, pero que n…

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La importancia de la conciencia de estar.

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Hay un tema del que quiero hablar. Mirando a mi alrededor veo a mis amigos y a otras personas ocupadas en preocupaciones que le son ajenas y, de las que hablan como si le fueran propias, pero que no pueden resolver por sí mismos por no depender de ellos el resolverlas.

Sin embargo, viven ajenos a la conciencia de existir, ese fluir cotidiano del tiempo que afecta al ser humano y que rara vez tienen ocasión para pensar en ello. Creo que la necesidad de saber más es porque de esa manera tomamos idea de cómo funciona lo que nos rodea. Es decir, comprender el mundo. Necesitamos cambiar aspectos que hoy en día damos por lógicos, así: dejar de tener sed y pagar por el agua que nos mantiene vivos, por la que nos mantiene limpios y saludables. Necesitamos la electricidad para alumbrarnos y aprovechar las horas de oscuridad y no caernos cuando volvemos a casa, y pagamos también por ello precios desorbitados, que generan grandes fortunas. De ello tampoco tenemos conciencia. En nuestra sensación de ser hemos sido privados de ese estado de conciencia que nos atañe de manera tan directa. Pagamos por disfrutar de las cualidades sensoriales con que hemos sido dotados por la naturaleza, como percibir el azul del cielo, o el paisaje desde un mirador de montaña, así el teleférico que no conduce hasta lo alto o simplemente la entrada a un mirador desde el que se divisa un paisaje espectacular, pero no queremos dejar propina al violonchelista que en la calle nos deleita con un tono sonoro auténtico y que le ha costado años perfeccionar.

Algo pasa que no funciona en nuestra conciencia de lo circundante. Nos hemos llenado de claves absurdas para las cosas más comunes, como disponer de nuestro dinero o encender el ordenador, pero alguna se nos olvida. Siguiendo este camino, un día soñaremos que no podemos despertar porque se nos ha olvidado la clave para hacerlo y entonces vagaremos en sueños por los mundos intermedios queriendo recordar. Quizás ahí, en ese sueño que se prolonga, tomaremos conciencia de lo que hemos permitido que hicieran con nuestra vida.

(Imagen: Sueño. José Clemente Orozco).