El precio de un tratado.

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Los tratados entre Francia, Gran Bretaña, las Provincias Unidas de Holanda, Portugal y el ducado de Saboya, firmado el 11 de abril de 1713 en Utrecht, colocan en el trono de España a Felipe V. Allí, los representantes de Luis XIV reconocen la sucesión protestante del Reino Unido, abandonando a Jacobo II a su suerte, y ceden a Gran Bretaña amplios territorios en América del Norte, y más concretamente en lo que después sería el Canadá. También han de desmantelar los franceses la fortaleza de Dunkerque. Asimismo, el ducado de Saboya sede a Francia el valle de Barcelonette en la Alta Provenza. Respecto a los Países Bajos, Luis XIV le cedió la Barrière, con las plazas fuertes y Los Países Bajos españoles pasaron a la soberanía de la casa de Habsburgo de Austria, que a su vez firmó el tratado de la Barrera, el 15 de noviembre de 1715, entre las Provincias Unidas y el Imperio Austriaco, pero con limitaciones comerciales a favor de Holanda.

Respecto a España con Gran Bretaña, los plenipotenciarios españoles, retenidos por el rey sol durante casi doce meses en París, desde mayo de 1712 a marzo de 1713, poco o nada pudieron hacer en las negociaciones, se incorporaron por fin a las mismas en Utrecht, donde los ministros plenipotenciarios de Felipe V el duque de Osuna y el marqués de Monteleón, firmaron un acuerdo entre el reino de España y la Gran Bretaña, saltándose las instrucciones concretas recibidas de Felipe V referidas a mantener el reino de Nápoles y la navegación exclusiva comercial con las Indias, en naves españolas que partieran de puertos españoles. Asimismo, tenían instrucciones para que Cataluña no tuviera privilegios forales diferenciados del resto del reino. Que fue en realidad lo único que obtuvieron.

Así, Gran Bretaña consiguió el asiento de negros concedido a la South Sea Company, que llevaría ciento cuarenta mil esclavos africanos en el tiempo de treinta años, más un navío anual de quinientas toneladas de mercadería para la feria anual de Portobelo, libre de aranceles, perdiendo con ello España el monopolio de la Casa de Contratación de Sevilla. Continuaron a su vez tratados menores, entre los que destaca: el firmado entre Francia y las Provincias Unidas, Brandeburgo, Portugal y el ducado de Saboya en julio de 1713. Así hasta diecinueve acuerdos.

Gran Bretaña consiguió con estos acuerdos ventajas comerciales inauditas, de manera que le sacaba más rendimiento a la América Española que el propio reino de España, que tenía que mantener las infraestructuras. De lo cual no se percataron los gobernantes españoles ya que seguían viendo una realidad distorsionada en clave de comercio interior, sin darse cuenta que Inglaterra ejercía una verdadera idea de dominación por medio del comercio de exportación que los familiariza con las clases dominantes americanas. Esto venía de atrás, ya que Inglaterra desde 1660 a 1760 llevó a cabo una verdadera revolución comercial, auspiciada por las Leyes de Navegación, de manera que ningún barco de bandera no británica podía atracar en un muelle inglés, y la ordenación de las finanzas por medio del Banco de Inglaterra, fundado en 1694, así como la Junta de Comercio y Plantaciones de 1696. Todo ello fue consecuencia de un plan premeditado de antemano, que pasó por el dominio del comercio portugués en 1640 a cambio del apoyo para independizarse de España, pero también porque España necesitaba exportar la lana merina a Gran Bretaña y se hizo dependiente de sus manufacturas, con las que reexportar a América.

España tomó La Ilustración como el pasatiempo de unos pocos y un reto a la iglesia católica que frenaba el desarrollo y la modernidad, donde el interés por las ciencias naturales y el derecho natural, así como por el orden natural y la clasificación de la naturaleza obedecía a un sistema racional y matemático, pero, en España las ideas económicas eran cuestión de Estado por el déficit del erario público debido a las guerras, sin pensar en que sin trascender a la sociedad y al interés público en general no lograban sacar al individuo de su pobreza y el ideal de aspirar a una mayor felicidad se consideró una bobada, lo cual da idea del retraso y la falta de imaginación.

(La familia de Felipe V de Van Loo).

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