Los Negros americanos en la Monarquía Hispánica.

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A partir de las Leyes de Indias, promulgada por los Reyes Católicos, a instancia de la reina Isabel, los monarcas españoles que le sucedieron no dejaron de vigilar el trato que se dispensó, no solo a los indígenas sino también a los negros que los relevan de la carga del trabajo más dura y servil. Evitando con ello el maltrato físico y degradante.

La real cédula de Carlos II la firmó el 12 de octubre de 1683 en el palacio del Buen Retiro, dirigida a las Audiencia y Gobernadores de las Indias[1] y dice así:

«Para que las Audiencias y Gobernadores de las Indias pongan muy particular cuidado en el buen tratamiento de los esclavos. Correspondido El Rey, por cuanto en mi Consejo de las Indias se ha tenido noticia de los graves castigos que en indiferentes partes de ellas se ejecutan a los esclavos negros y mulatos, pasando a extremos de quedar algunos muertos sin confesión, y sin darles el pasto espiritual, y doctrina con que los dueños de ellos deben mantenerlos, trayendoles vestidos y educados como conviene, y aunque por derecho ésta prevenido el remedio conveniente para la enmienda de estos daños, de forma que siempre que se averiguase exceso de sevicia en los amos, se les obligue a venderlos y demás a más se les castigue, si el caso lo pidiese. He tenido por bien expedir la presente, por la cual ordeno y mando a las Audiencias y Gobernadores de mis Indias Occidentales, Islas, y Tierra Firme del mar Océano, pongan muy particular cuidado en el buen tratamiento de los esclavos, velando mucho en ellos. Y que sean doctrinados e instruidos en los misterios de nuestra santa fe, y que en lo temporal tengan las asistencias convenientes, pasando al castigo de sus amos como está dispuesto por derecho, por ser materia de tanto escrúpulo, el que los pobres esclavos sean vejados y mal asistidos. Fecha en el Buen Retiro a doce de octubre de mil seiscientos ochenta y tres años. Yo el Rey. Por mandato del Rey Nuestro Señor. Don Francisco Fernández de Madrigal. Señalada al Consejo.

Con anterioridad es de resaltar que ya para la expedición de descubrimiento en 1492, Cristóbal Colón firmó con los monarcas las Capitulaciones de Santa Fe. Debido al Tratado de Tordesillas de 1494, impidió a España el transporte de esclavos negros desde África, dado que quedaba en zona portuguesa, por lo que España tuvo pocos esclavos negros en su territorios. Así, en 1713, le cedió a Inglaterra los derechos sobre la totalidad del comercio de esclavos negros que mantenía con otras potencias. Por eso, en las regiones como México, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina, Paraguay, Uruguay o Chile apenas vivieron esclavos negros. En contraposición a la gran población esclava de Brasil, las Guayanas holandesas y el Haití francés o las colonias inglesas de Norteamérica, Jamaica y Belice.

En los repartimientos que la Corona pone en marcha para hacer que las colonias sean autosuficientes, se sigue el modelo granadino y que con éxito se implanta en Canarias, por medio de las datas de repartimiento, donde todo se anotaba en un Libro de Datas, exigiendo al beneficiario poblar, tener familia y permanecer un plazo no inferior a cinco años. Se repartieron entre indios porque ellos conocían el cultivo local. Pero la Iglesia consideraba que el repartimiento a estos era esclavitud a los súbditos del Rey por lo que es inaceptable. Ya en 1503 se organiza el tráfico marítimo con las Indias Occidentales, es decir, América y se funda la Casa de Contratación de Sevilla, donde se llevará un exhaustivo registro de mercancías y de la población que sale y entra. Pero, el 22 de enero de 1510, el rey Fernando autorizó el transporte de cincuenta esclavos negros, los mejores y los más fuertes disponibles, para las minas de de oro La Española, que supuso el primer envío de esclavos negros, siguiendo a Hugh Thomas, en su libro sobre la Trata de esclavos.

Las primeras expediciones fueron costeadas por los propios beneficiarios, así el poblamiento de Sierra Nevada de Santa Marta, la actual Colombia, estuvo a cargo del segundo Adelantado de Canarias don Pedro Fernández de Lugo. Para controlar que no se produjeran abusos en la gobernación de los nuevos territorios se crean las Audiencias con sus tribunales de justicia, así Alonso de Fonseca crea la Real Audiencia de Santo Domingo. Además, durante el gobierno de Ovando en dicha isla, la encomienda fue quedando reducida a unos grupos privilegiados. En las Leyes de Burgos, se reconocía la libertad de los indios, es decir, sujeto de derechos y obligaciones como el resto de los súbditos del Rey y por lo tanto podían acudir a los tribunales de justicia al igual que posteriormente los esclavos negros. Ante las campañas desatadas de fray Bartolomé de las Casas, contra los abusos de los encomenderos, Carlos I promulgó las Leyes Nuevas. Y para controlar los desatinos de Hernán Cortés crea la Real Audiencia de México. Las obligaciones de los indios serán dispuestas por las autoridades del Estado. Era difícil de controlar el carácter de empresa que tenían expediciones como la de Cortés o Francisco Pizarro o Almagro, que corrían con todos los riesgos con fondos propios y de sus soldados, debiendo de pagar además el quinto real a la corona, es decir, el 20%. En 1540 fue cuando el Rey ordenó la constitución de una Junta de Consejeros Reales con presencia de juristas de prestigio que redactaron las Leyes Nuevas de Indias en 1542 por las que se crea un Consejo de Indias y la fundación de dos nuevas Audiencias, así como se prohíbe la esclavitud de los indios y la moderación de los repartimientos con prohibición de nuevas encomiendas, pues variaban las condiciones de asentamientos de colonos. También regulaban los tributos y servicios que debían pagar los indios como súbditos del Rey. A pesar de todo esto, la encomienda se hace hereditaria en el Perú y se regula la mita o servicio obligatorio de los indios en los trabajos de la mina. Asimismo, los indios pueden litigar en igualdad de condiciones en las Audiencias, si sus derechos no son respetados. Reinando Felipe II y en 1573 se promulgan las Ordenanzas de Nuevos Descubrimientos y Poblaciones.

Es de destacar que la mayor parte de la población de negros que se asientan en Colombia o Venezuela, en Ica en Perú y en varios territorios de Centroamérica, son de procedencia post española, pues fueron transportados como esclavos por las nuevas Repúblicas independientes e incluso debido a hundimientos de barcos esclavistas, como es el caso de la provincia de Esmeraldas, en Ecuador, que, según cuenta el historiador González Suárez, “los primeros negros fueron náufragos que ganaron la tierra a nado desde un barco de esclavos que escolló, estos encontraron un clima similar al de África, estableciéndose en esta provincia. Al internarse en el continente sometieron a las tribus indígenas, entre las que se encontraban los cayapas quienes llamaban “malaba”, malo, diablo o “juyungo” (diablo) a los negros, el principal de los cuales era Alonso Illescas que había vivido en Sevilla y hablaba castellano”.

[1] AGI, indiferente general, legajo 430, libro 42, folios 297 vuelto a 298. Registro original.

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