Maccanti, entre la añoranza y los sentimientos

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Este día 28 de diciembre, para muchos intrascendente, era el cumpleaños de mi padre, día que jamás celebró y le enfadaba que lo felicitaran y más que le regalaran algo. Así que para mí hay cierta nostalgia, como decía Arturo Maccanti: «vivo está mi futuro en mi pasado. ¿Es la felicidad? Sí, pero no la de la risa sino la del encuentro, la felicidad eres tú con el poema, lo demás son relaciones públicas». Él, en Coronación y exilio habló con voz magistral de la relación de un pequeño con su madre. Y me preguntaba: «tú que has estudiado tantas familias de Portugal, ¿cómo es la madre portuguesa? Como si él no lo supiera mejor que yo que igual a tantas desprendidas madres del mundo, peculiares dentro de su generalidad porque son lo más importante para sus hijos. Yo, siguiendo el juego contestaba, haciendo como si no hubiera leído Coronación y exilio: «es el eje alrededor del cual se mueve el hogar la custodia del orden natural de las cosas, como diría Lobo Antunes. Alrededor del quien giran todos los hijos, como lo son tantas madres del mundo. Y me acordaba del dicho: «la mujer de asiento, y al hombre que se lo lleve el viento…».

Y es entonces, a través de esta reflexión cuando me pregunto: ¿cómo son los padres?

Maccanti hablaba de su entrañable relación con la playa de las Canteras, donde transcurrió su infancia, la casa con la puerta abierta, donde los niños entraban y salían a la playa, la añoranza que sentía de su madre cuando dijo: «Si alguna vez fui príncipe de la luz fue en tu reino… Me coronaste con tu risa en la tibia arboleda de tus brazos. Hiciste para mí rosa la rosa, pájaro el pájaro y cetro la alegría.
Agotaste los ojos mirándome dormir. Por esto acaso fueron tan hermosos mis sueños.
A manos llenas me trajiste el mar, ya para siempre compañero mío.
Fue mi primer paisaje el color de tu falda y tu voz la primera canción de mi existencia.
La huella de mi pie cupo en la tuya. Tú eras la dicha y yo te perseguía con mi pequeño corazón de niño por las orillas de los mares. Durante mi reinado el sol nunca se puso y el mundo estuvo acorde. … y un día te perdí sin saber cómo, sin saber dónde, sin saber por qué».

Eso fue precisamente lo que sentí hoy, aniversario del nacimiento de mi padre, pensando en él pero incapaz de definir mis sentimientos y es que a veces las palabras son innecesarias.

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