IMPORTANCIA DEL AGUA EN EL ORIGEN DEL MUNDO CELTA.

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Los celtas, al contrario de otros pueblos, no veían a los dioses como sus creadores sino como antepasados o ancestros, de ahí viene que los druidas dijeran conocer sus intenciones y se consideraran intermediarios entre el mundo mortal y el eterno o inmortal. Elegían entre ellos a sus héroes y a sus heroínas, para invocarlos pidiendo su protección;

Ellos si creyeron en la creación primigenia –isin chétne tuiste–. En la mitología védica, según Peter Berretford, la creación comienza en el espacio –adití– donde fue formado el cielo Varuna y la tierra Aditya, o elementos masculinos y femeninos originales, donde Aditya no solo es la primigenia diosa madre sino también la fuente de todas las aguas del mundo; así el primer hombre fue Manu y su hija Ida, y su nacimiento se produjo el día que Manu ofreció a Vishnu un banquete ceremonial en agradecimiento por salvarlo del diluvio universal.

Los mitos celtas nos llevan a la diosa madre Danu, que en realidad es el recuerdo del gran Danubio o Duna, cuando vivían los celtas en sus riberas, pues dana significa «agua del cielo», y corriente rápida en céltico, y así también denominaron el río Don en Escocia y en Francia, que engendró hijos llamados Tatha Dé Danann, donde la fuente que mana incesante es gracia que discurre desde la misma divinidad; y es allí, en esa proximidad de lo primigenio, donde se revela éicse o la sabiduría, el conocimiento, la poesía y también la adivinación. Los hijos de Danu procedían de cuatro ciudades fabulosas ribereñas del Danubio, de donde llevaron consigo cuatro tesoros: de la ciudad de Falias «la piedra del destino o lia fáil»; una espada de Gorias, que fue el origen de –excalibur–; de Finias «la lanza de la victoria»; y de Murias el dagda o «caldero de la abundancia».

Cuando los hijos de la diosa Danu llegan a Irlanda, al confín, dejaron atrás a la madre, convertida en Danubio, y se produce un combate entre ellos, que enfrenta a la luz y el bien, contra los fomorios, que adoran la oscuridad y la maldad, y veneran a una diosa Domnu que vive en las profundidades del mar, ese combate aun se sigue produciendo en los terribles inviernos, durante las galernas y tormentas atlánticas que arrasan el mundo céltico, descargando las aguas del cielo sobre lo conocido. Al surgir la tregua, con el pálido sol sobre las cabezas de los mortales, dejan los contendientes sus armas y se entretienen en la felicidad del campo, disfrutando de los placeres de la vida, del amor natural, el arte y los juegos, las fiestas donde preciosas mujeres muestran su cultura y discuten, mientras otras danzan o cantan, y los jóvenes participan en las cacerías y los combates de emulación para ver quién es el mejor.

Los celtas pensaban que el alma estaba en la cabeza y así cuando Bran el Bendito fue herido mortalmente en Irlanda, suplicó a sus compañeros que llevasen su cabeza y la transportaran a Britania, la isla de los poderosos, para enterrarla allí, por eso, como les costó mucho llevarla hasta su destino, la cabeza de Bran bebía y comía mientras le daba instrucciones para mejorar la ruta y sortear los peligros, hasta que llegó a Tower Hill en Londres, y fue enterrada mirando como un vigía los pasos del enemigo, y así proteger a los suyos contra las invasiones, que provendrían de dicha isla.

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