Druidas o el equilibrio del conocimiento con la naturaleza

Roble con muérdago

Entre los celtas, los bosques y arboledas se consagraban a las divinidades, y recibían el nombre de sus espíritus, que habitaban un lugar que no podía ser profanado por los pasos del hombre, de manera que la penumbra ocupaba las mentes de los devotos que no podían curiosear bajo ningún concepto, sino solo vislumbrar su presencia por medio de la contemplación. «Adoramos la penumbra de los bosques, y el silencio perturbador que reina a su alrededor».

Entre los celtas, el conocimiento de los druidas los hacía expertos videntes, así en la escuela Alejandrina, discutieron druidas con pitagóricos sobre la inmortalidad del alma. Fue Hipólito el que narra que en realidad estas enseñanzas provenían del celta Zalmoxis. Pero Estrabón y Plinio el Viejo hablaron de la importancia de los bosques de robles para los celtas, y en especial del muérdago para los druidas. Razón por la que escogían el roble del que el muérdago es parásito, para formar arboledas, y utilizaban también sus bellotas, maderas y hojas, para todo lo relacionado con su vida cotidiana. Tal es así que la palabra –druidae– proviene del griego –drus–, que significa roble, porque esta palabra deriva de la raíz –dru-wid–  o conocimiento del roble, donde –wid– significa conocer. Así, que druida sería el sabio cuyo conocimiento es grande en medicina, astrología y el equilibrio del individuo por medio de su integración con la naturaleza.

Al respecto dice Plinio: «cualquier cosa que crezca en los robles la consideran enviada por el cielo, y como un signo de que el árbol ha sido elegido por los propios dioses. El muérdago, al ser difícil de encontrar se recogía con gran ceremonia, y concretamente en el sexto día de luna, preparando un sacrificio ritual para celebrar un banquete bajo el árbol que contenía el muérdago, y llevaban dos toros blancos cuyos cuernos se ataban para la ocasión. El druida, ataviado con su traje ceremonial blanco, subía al árbol, y con una hoz dorada cortaba el muérdago, que era recogido en un paño también inmaculado; a continuación se llevaba a cabo el sacrificio rogando a los dioses que sus ofrendas les fueran propicias y concedieran sus dones a los elegidos, al creer que al beber el muérdago producía no solo fertilidad sino también un antídoto contra los venenos. (Lo cual es descrito por Alejandro Cornelio nacido en el año 105 antes de Cristo).

Dijo Julio Cesar que «los druidas tenían prohibido escribir sus enseñanzas, aunque para otros aspectos de la vida, los druidas galos utilizan el alfabeto griego, aunque el calendario de Coligny, de conciliación del calendario lunar con el solar tiene signos numéricos latinos.

Existe en las sagas galesas el relato de Ceridwen, una bruja hechicera que tuvo dos hijos, y cuando el mayor Murfau lucho con Arturo en la batalla de Camluan, era tan feo que nadie se atrevió a combatir contra él, pues pensaban que podía tratarse del demonio. Y el otro hijo llamado Afagddu, (oscuridad absoluta) fue famoso por ser considerado el hombre más feo del mundo, y su apenada madre, para compensarlos, hirvió un caldero lleno de inspiración y ciencia para que su hijo bebiese de él y conociese los misterios del mundo, así todos lo respetarían por su sabiduría. Esto dio lugar a la leyenda del santo Grial, (según Peter Berrespord Ellis). Este caldero debía hervir durante un año y un día, quedando al final solo tres gotas. La bruja se ayudaba del ciego Morda que alimentaba el fuego de leña, mientras el chiquillo Gwion Bach removía la pócima para que no se pegara. Al terminar el rito, por descuido de la bruja las tres gotas cayeron sobre Gwion, que adquirió la máxima sabiduría y lo llevó a comprender y descifrar los secretos de pasado y el vaticinio del futuro, por lo que la bruja lo encantó en liebre, luego en pez, pájaro y al final en grano de trigo. Transformándose la propia bruja en perro de caza, nutria, halcón y gallina que al final tragó el grano de trigo. Cuando la bruja Ceridwen volvió a la forma humana se dio cuenta que estaba preñada, y cuando tuvo un niño era el mismo Gwion Bach reencarnado, que metió en un saco y arrojó al mar, pero unos pescadores lo atraparon en sus redes y lo rescataron. Al crecer se convirtió en el místico y poeta Taliesin, padre del druismo y poseedor del conocimiento del mundo.

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