Lo singular como contraposición a lo corriente, lo diferente adornado de atributos que resalta la vida interior y consagra la sublime representación de lo ansiado.

Pan enseña a Dafnis a tocar la zampoña

Entre los dioses, uno en particular no fue bien acogido por los olímpicos. Hablo de Pan, el semidiós que vivió en la Arcadia rural, donde pastoreaba rebaños de cabras y ovejas y también cuidaba de las abejas. Era el dios de las brisas del amanecer y del atardecer, revitalizadoras del largo descanso. Cuando estaba de humor, vivía en compañía de las ninfas, en la gruta Coriciana del Parnaso y se le atribuían dones proféticos y formaba parte del cortejo de Dionisio, al que seguía en sus costumbres. Era cazador, curandero, mujeriego y músico.Representaba la naturaleza salvaje y habitaba y disfrutaba de los bosques y las selvas, correteando tras las ovejas y espantando a los hombres que penetraban en sus terrenos. Llevaba en la mano un cayado de pastor y tocaba magistralmente la siringa, flauta de ocho agujeros que obtuvo de la ninfa Siringa, cuando despistaba paseaba por los bosques profundos. Nada más verla, Pan se enamoró de ella y la persiguió hasta la orilla del río Ladón. Entonces Siringa, al sentirse acosada, pidió socorro a sus compañeras náyades o ninfas del agua dulce, que se apiadaron de ella y la transformaron en caña. Pan, se dio cuenta que el viento silbaba al pasar por la caña, y creyó que eran los lamentos de la ninfa, por eso cortó la caña y unió sus trozos con cera y construyó con ellos una flauta especial que llamó siringa, para tocarla y sentir su armonía cuando la pasión y el deseo lo poseían.

Desde entonces a Pan le agradaban las malezas cercanas a las fuentes, a la sombra del bosque, en donde esperaba que aparecieran las ninfas para encantarlas con su flauta. Y tal fue su destreza en el uso de este instrumento musical, que Apolo le ofreció permutar el caduceo o báculo de olivo adornado con guirnaldas a Hermes, si este le conseguía la flauta siringa de Pan.

Aunque a veces se compadecía de los cazadores y los ayudaba a obtener presas, como era de naturaleza tranquila y sin duda perezoso de carácter, se abandonaba con frecuencia y caía sumido en el sueño de largas siestas, incomodándole que le despertaran, así, era especialmente irascible si se le molestaba con súbitos despertares, al igual que los habitantes de Arcadia, que tenían la creencia que cuando una persona duerme la siesta, no se la debe despertar bajo ningún motivo, ya que de esa forma se interrumpía el sueño del mismo dios Pan. Y si era despertado se convertía en un demonio del mediodía, por lo que profería súbitos gritos desde una gruta, para que se le oyera más con su voz amplificada. Pero en realidad, los propios arcadios le perdieron el respeto y si volvían de la caza sin haber obtenido nada, se atrevían a azotarle con cebollas albarranas o escilas, (como cita Teócrito en Idilios y también Robert Graves en los Mitos Griegos), que se acostumbraba plantar sobre las tumbas y le atribuían la virtud de curar la locura. Se le atribuía la generación del miedo enloquecedor. De ahí proviene la palabra pánico que, atribuida al temor incontrolado que sufrían las manadas y los rebaños ante el trueno y la caída de rayos.

El nombre de Pan deriva de «paein» pastar, y fue invocado por el culto a la fertilidad arcadio, y representado vestido con piel de cabra con su aspecto de extremidades caprinas y elegido como amante por las Ménades durante sus orgias en las altas montañas por su bien dotada constitución genital, donde el vino y la ebriedad acababan muchas veces en desenfreno; allí se invocaba el nacimiento de Pan que se representaba en la fuerza de una piedra fálica que ocupaba el centro de las ceremonias, pues los pastores creían que Pan fue hijo de Hermes que tuvo con un pájaro carpintero, que pronosticaba con su taladreo la llegada de la lluvia estival, tan necesaria para los pastos y la supervivencia de los ganados.

La paradoja de Pan es ser mitad cabra y mitad dios, al respecto dice el profesor de literatura griega de Oxford John Boardman que  «la imagen y la reputación de Pan son las más fácilmente reconocibles en el mundo moderno, pues habiendo nacido de la unión entre el dios embaucador Hermes y una ninfa de los bosques, Pan era la única deidad cuya forma era mitad animal y mitad divina. Al contrario de otras criaturas mixtas de la mitología griega, como son los centauros, sátiros y faunos, que eran mitad humanas y mitad animales. Esta característica única de Pan es una clave esencial para comprender su naturaleza como imagen divina».

Para Richard Stromer el personaje de Pan en la literatura griega «comienza en el Himno homérico» donde se describe la concepción y el nacimiento de Pan, así como cuando Hermes, su padre, llevó a un niño de tan extraño aspecto al Olimpo, envuelto en pieles de liebre de montaña. En realidad era una señal de cómo lo paradójico se convertiría en su sello de divinidad, lo distinto presentado como novedad, así como narró que su madre huyó horrorizada cuando nació. Sin embargo, los dioses del Olimpo quedaron prendados encantados de su singular morfología y de su encantadora risa.

La figura de Pan «contrapone a la polis, (según señala Bonnefoy) a los espacios selváticos», pues él es el protector de espacios agrestes, los arroyos que fluyen rápidos o suaves, los pastos abiertos a los que el encarna y protege. Un dios amado por el pastor y también por los rebaños, por su naturaleza enigmática y por la defensa de su conservación, que incluso lo convierte en terrible cazador de bestias salvajes cuando es necesario.

En contraposición a esta actividad, también compuso poesías bucólicas con las que deleitaba a Artemisa en sus cacerías. Dotado al mismo tiempo de una sensibilidad especial para el erotismo, y desde su enigmática naturaleza para la música y el baile. También sedujo a Selene en una orgía celebrada en la víspera del primero de mayo, cuando a la luz de la luna la reina de mayo montaba en la espalda de su hombre, antes de celebrar el ayuntamiento selvático con el elegido, lo que consiguió Pan cubriéndose con un vellocino de gran blancura, que ocultaron sus velludas y singulares patas, haciéndolas pasar por suaves piernas. Desde entonces, ambos fueron venerados en una caverna del Monte Niceo.

Fue Pan el que enseñó a Dafni a cantar y acompañarse de la siringa, y quien sabe si también fue su amante, desde su dotada constitución para hacer el amor, razón por la que fue protegido de las Musas, que lo inspiraban en el canto, la música, y el amor a la poesía. Se dice que antes de él los pastores llevaban una vida salvaje y que fue precisamente Dafnis quien los civilizó, enseñándoles a respetar y honrar a los dioses, y que difundió entre ellos el culto a Dionisio, inspirador de la locura ritual y el éxtasis, que celebraban solemnemente.

Respecto a la muerte de Pan, que escuchó el marino Tamo, sostiene Robert Graves que en realidad el piloto egipcio Tamo oyó mal, pues el lamento ceremonial dijo: –Thamus Pan-megas Tethnece–  «el todo grande Tamuz ha muerto» y él entendió: «¡Tamo, el gran Pan ha muerto!» y así lo recogió Plutarco, sacerdote de Delfos, pero cuando Pausanias realizó un viaje por Grecia un siglo más tarde, encontró templos y altares y cuevas sagradas dedicadas a Pan, al que veneraban sus fieles. Aún y todo, se conservaba en una caverna consagrada a Artemisa su flauta que servía para la iniciación de doncellas con su sonido.

Lo singular como contraposición a lo común, la deformidad adornada de atributos que resalta la vida interior y de la mano de la música y la poesía consagra la sublime presentación de lo ansiado. Ese es Pan, que continúa vivo y entre nosotros.

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