La Luisiana española, crisol de culturas en la configuración de los Estados Unidos.

Bernardo de Gálvez luisiana española

Fueron los españoles los que explorando los límites continentales descubrieron el delta del río Mississippi, noticia que se tuvo por primera vez de la expedición en 1519 de Alonso Álvarez de Pineda, que partió de la isla de Jamaica para explorar la costa del Golfo de México por encargo del gobernador Francisco de Garay, y cartografiar la costa que descubriese, bautizando el gran río como río del Espíritu Santo. Aunque es conocido que el europeo que primero pisó la región fueron los náufragos de la expedición de Pánfilo de Narváez: Álvar Núñez Cabeza de Vaca, (nieto del conquistador de la Gran Canaria Pedro de Vera) y sus tres compañeros supervivientes, entre los que se encontraba el norteafricano Estebanico, «negro alárabe natural de Azamor», en palabras de Cabeza de Vaca, que recorrieron a pie desde la Florida continental española hasta México, 1527- 1528. Pero la cuenca del Mississippi fue reclamada para España en 1538 por Luis Moscoso de Alvarado, sucesor de Hernando de Soto. Éste desembarcó en el territorio Nachistochis en 1542, aunque pasó de largo para establecerse en Texas, y un año antes exploró la región Francisco Vázquez Coronado, y más concretamente las grandes pradera que denominó Grandes Llanos antes de llamarlas Llanos de Cíbola en alusión a la gran población de búfalos americanos que pastaban la región. Esto dio lugar a una leyenda por la que se encontraría las Siete Ciudades del oro, o Gran Quivira, territorio mítico que alentó a adentrarse aún más en un territorio hostil hasta llegar a Arkansas.

Los colonos franceses, desde los grandes lagos, descendieron el río Missouri y luego el Mississippi y en busca de pieles establecieron pactos con los indios y fundaron Nueva Orleáns, como capital de un territorio francés llamado en honor de su rey la Luisiana.

Es en 1764 cuando España entra en posesión de la Luisiana y Antonio de Ulloa nombrado gobernador en 1766, pero su mandato fue contradicho por los colonos que se rebelaron en 1768. Se nombra entonces para sucederle a Alejandro O´Reilly, que restablece la paz y organiza la administración con el primer Cabildo, prohibiendo la esclavitud de los indios, y favoreciendo la emigración y el asentamiento de nuevos contingentes de europeos con lo que la población fue aumentando.

La figura más importante del gobierno español fue Bernardo de Gálvez, que organizó la defensa del territorio y se ocupó de ayudar a los rebeldes estadounidenses en su lucha por la declaración de independencia de los Estados Unidos. Él fue el que llevó a efecto la declaración de guerra de España contra Gran Bretaña de 8 de mayo de 1779. En la Alta Luisiana, los españoles derrotaron a los ingleses en la Batalla de San Luis, que había sido fortificado por el capitán y gobernador de esta región Fernando de Leyba, que mandó construir anillos de trincheras y fortificación de piedra llamado el fuerte de San Carlos, al conocer de George Clark, el héroe de la victoria de Kaskaskia, que los ingleses atacarían desde Detroit, lo cual efectivamente se llevó a cabo en enero de 1781. Los españoles siguieron luchando contra las tropas inglesas del rey Jorge III, así el gobernador Francisco Cruzat envió a 65 integrantes de la Milicia Territorial de San Luis con indios aliados de apoyo, a remontar el Mississippi y el Illinois para conquistar el 12 de febrero de 1782 el fuerte británico de San José, Michigan, al mando del español de origen francés Eugenio Purré, llamado Bellosol. Y fue personalmente el gobernador Bernardo de Gálvez el que derrotó a los ingleses en la batalla de Baton Rouge, Naches, Móbile y Pensacola, recuperando la Florida para España en 1781, lo cual fue reconocido en el Tratado de París de 1783.

No quiero terminar este breve relato sin hablar del contingente que Bernardo de Gálvez llevó de las islas Canarias a poblar, además de las tropas de las Milicias Canarias, constituida en mayor número por tinerfeños, palmeros y gomeros. La emigración canaria a la Luisiana se produjo entre 1777 y 1783, cuando España ocupaba este territorio y se decidió, por parte de Madrid, asegurar la colonización del dominio sobre una zona conflictiva y muy codiciada por sus recursos naturales y situación estratégica. Así, en esos años salieron unas 4.312 personas con rumbo a Nueva Orleans, aunque sólo consiguió llegar la mitad, ya que, como señala el profesor Manuel Hernández González en su reciente estudio La emigración canaria a América (CCPC, Tenerife 2005), se registraron numerosas deserciones, cuando las expediciones tocaban Cuba, especialmente a partir de 1779, con la declaración de guerra a Inglaterra. Según este especialista en la materia, a los campesinos canarios, con predominio de gomeros y grancanarios, se les pagaba el pasaje además de la entrega de tierras, una vez llegaran al puerto de destino.

Se sabe que en 1762, un grupo de 300 naturales de la isla de La Gomera emigraron a Luisiana. Desde fines de 1600, España había alentado a los canarios a que emigraran a las colonias del Caribe, y desde que España adquirió Louisiana, en 1762, reconoció la necesidad de poblar el territorio y la idoneidad de los canarios por ser trabajadores autosuficientes.

Cinco de las islas Canarias enviaron soldados a Luisiana: Tenerife, alrededor del 45%; Las Palmas, 40%; y el resto eran de La Gomera, La Palma y Lanzarote. Los 700 soldados trajeron consigo a sus familias haciendo un total de 2.373 inmigrantes que viajaron en los siguientes barcos:

  • Santísimo Sacramento – 264 pasajeros – partió el 10 de julio de 1778
  • La Victoria – 292 pasajeros – partió el 22 de octubre, 1778
  • San Ignacio de Loyola – 423 pasajeros – partió el 29 de octubre de 1778
  • San Juan Nepomuceno – 202 pasajeros – partió el 9 de diciembre de 1778
  • Santa Faz – 406 pasajeros – partió el 17 de febrero de 1779
  • El Sagrado Corazón de Jesús – 423 pasajeros – partió el 5 de junio de 1779

Se establecieron los canarios en el delta del Mississippi y crearon Nueva Iberia, Barataria, Villa Gálvez o Galveztown, Valenzuela, Villa Española o Spanish Town y San Bernardo.

Frenó la expansión y consolidación del territorio el monopolio español y la política restrictiva al libre comercio, que fue muy negativa a la economía y desarrollo de los inmigrantes.

La consolidación y defensa de tan amplio territorio requería la protección de las fronteras, así en la Alta Luisiana y más concretamente en la cuenta del río Misuri, partió un cuerpo de ejército dirigida por el capitán Francisco Rui, que fundó fortines, y recibió la ayuda de los colonos franceses del Este del río Mississippi que preferían la soberanía española, por lo que cruzaron el río y fundaron Santa Genoveva del Mississippi y en San Luis de Ilinueses, aunque tuvieran un fuerte militar británico en la otra margen de tan poderoso río. Fue el tiempo, 1781, cuando Martín Lebleu y su mujer Dela Marion fundaron como españoles la población de Lago Carlos. En 1788 se funda Nueva Madrid con dos mil colonos británicos en el curso medio del Mississippi, y se consolida el poblamiento de cajuns, llamados también acadianos o cajunes, grupo étnico que descienden de exiliados de Acadia desde la segunda mitad del siglos XVIII, (que es el nombre que recibieron los habitantes de las antiguas colonias de Nueva Francia, en la provincias de Canadá, formada por Nueva Escocia, Nuevo Brunswick y la isla del Príncipe Eduardo, y también habitantes originarios de Québec, que tuvieron que huir de sus tierras originarias al incorporarla la corona británica. Conservaron su lengua cajún, que proviene del francés, y se establecieron en Luisiana, influyendo de forma notoria y positiva en su cultura, y dando origen a ciudades como Lafayette y Lake Charles.

También el gobierno de Bernardo de Gálvez promovió exploraciones para abrir rutas como las de Pedro Vial, o el Camino de Santa Fe, que comunicó Santa Fe del Yunque con San Luis que unía la Luisiana con Nuevo México. Y exploradores como Manuel Lisa llegaron a Oregón a través de Montana. Facundo Melgares desde los nacientes del río Rojo hasta el río Arkansas.

Toda una gesta que es obligado recordar.

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