Derecho a un lenguaje claro y tajante en la política, reflexión sobre su uso en Estados Unidos y en España.

Senadores romanos juzgando a Julio César de von Piloty

Alexis de Tockeville dice en La democracia en América: «a menudo he observado que los americanos, que en general tratan todos los asuntos con un lenguaje claro y tajante, desprovisto de todo adorno, y cuya extrema sencillez resulta a menudo vulgar, suelen caer en la ampulosidad en cuanto abordan el estilo poético, mostrándose pomposos de la primera palabra a la última».

Esta afirmación escrita en 1831 es de rabiosa actualidad si se aplica a los líderes políticos españoles salvo raras excepciones, pero en sentido contrario, pues manifiestan cuando hablan de temas trascendentes a la ciudadanía una ampulosidad fuera de toda sencillez, empleando un lenguaje nada claro ni tajante, utilizando medias verdades y siempre dispuestos a dialogar pero sin hacerlo.

En realidad vivimos en una sociedad que se ha acostumbrado a las ocurrencias con mayor impacto mediático, y cuanto más originales mejor, y eso nada tiene que ver con lo que esperan los gobernados de sus representantes, que son soluciones claras y tajantes, encaminadas al bien común y sin tener que recurrir al imperio de la ley, pues en la política de un régimen democrático está separado el poder judicial y también el Gobierno del legislativo.

Sigue diciendo Tocqueville que «en las sociedades democráticas, cada ciudadano está habitualmente ocupado en un pequeño objeto, que es él mismo. Tan pronto como eleva la mirada, no percibe ya más que la inmensa imagen de la sociedad, o la figura, aún más grande, del género humano. No tiene sino ideas, o muy particulares y claras, o muy generales y borrosas; el espacio intermedio está vacío».

En la era de la comunicación y las redes sociales, va siendo hora que los políticos se juzguen por parámetros de eficacia, dentro de un régimen democrático de responsabilidad de su gestión, para acabar con estas incertidumbres que llenan a la inmensa mayoría de la población de desasosiego, e ilusionar a la sociedad que gobiernan con algún resultado prodigioso de alta política y aunque les parezca que pierden en realidad ganamos todos, y por un instante podamos pensar que nos alegran la vida.

Fdo. José Luis Machado.

Pintura de Carl Theodor von Piloty titulada “Juicio a Julio César” (1865). Senadores romanos interpelando a Julio César.

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