PRESENCIA DE LA PRIMERA COMPAÑÍA FRANCA DE VOLUNTARIOS DE CATALUNYA EN LA GESTA FUNDACIONAL DE LA ALTA CALIFORNIA DE LOS ESTADOS UNIDOS Y OCCIDENTE DEL CANADÁ

misiones franciscanas en el mundo
Isla de Nutka
La isla de Nutka, Vancouver, Canadá.

Con la reciente consagración de san fray Junípero Serra Ferrer en Washington el 23 de septiembre 2015, se cierra un periplo de reconocimiento de la labor misionera y cultural de este fraile que fundó nueve misiones en la Alta California, que dieron lugar a ciudades tan importantes como Los Ángeles o San Diego, donde está la base naval de la Marina de los Estados Unidos.
Para hacernos una idea clara de este periplo es necesario recordar que la Alta California se pudo desarrollar cuando José de Gálvez, marqués de Sonora, fue nombrado visitador del Virreinato de Nueva España en 1765, y miembro honorario del Consejo de Indias. Era viudo y reorganizó la industria mexicana y la hacienda del Virreinato, también fomentó la creación de las milicias provinciales territoriales mexicanas y reforzó la labor encomiable de los soldados de cuera entre las rancherías indias.
Gálvez desembarcó en el Puerto de Veracruz y con él un grupo de veteranos de guerra españoles para instruir a los hombres que formarían un ejército en la Nueva España. Reglamentó la feria de Jalapa, e incorporó determinadas rentas a la administración real, implantó el monopolio de tabacos e hizo dos importantes propuestas: la división del virreinato en 12 intendencias y la creación de una Comandancia General en las provincias del norte.
Cuando en 1767 Carlos III decretó la expulsión de los jesuitas, se opusieron en Nueva España determinados sectores, lo que provocó protestas y alteraciones de orden público en San Luis de la Paz, San Luis Potosí, Guanajuato y Michoacán. Gálvez dirigió una expedición militar para restablecer la autoridad, y realizó numerosos juicios sumarios con condenas fuertísimas en algunos casos.
Gálvez estableció una base naval en San Blas (Nayarit) en 1769, donde después fundaría una Escuela Náutica, así como un centro astronómico, cuya dirección encargó a Joaquín Velázquez y Cárdenas de León.
Desde San Blas, organizó una expedición a la Alta California, con la intención de asentar población, consolidar la frontera y también frenar la expansión rusa desde sus colonias en Alaska. Fue encabezada por el capitán Gaspar de Portolá en 1769 que abrió una ruta más fácil a través de Sonora y Nuevo México y no la difícil de la costa (la navegación contra corriente en el Pacífico era muy complicada pues había que adentrarse en el Pacífico para encontrar vientos favorables); fundó los fuertes de San Diego y Monterrey. La expedición incluía un grupo de misioneros franciscanos, dirigidos por fray Junípero Serra que fundó nueves misiones entre 1769 y 1782, y asentó población en esos territorios.
En cuanto al cuerpo de ejército se confió la misión a la Primera Compañía Franca de voluntarios de Catalunya, formado por voluntarios catalanes que embarcaron en el puerto de San Blas y formó parte de la expedición que descubrió la bahía de San Francisco. Este cuerpo del ejército real había sido estructurada como unidad independiente en abril de 1767 al mando de cuatro oficiales, cuatro sargentos, 2 tambores y 94 soldados provenientes del Segundo Regimiento de Voluntarios Catalanes de Barcelona, que se había formado cinco años antes, es decir en 1762, en la zona norte de Catalunya y pertenecía a la infantería ligera de montaña, cuyo uniforme era la conocido como de los migueletes. También existían en México la compañía catalana de Fusileros de Montaña. Fue el 12 de noviembre de 1772 cuando se fusionaron las dos unidades catalanas en un solo cuerpo de dos compañías de Voluntarios de Cataluña con base en Guadalajara, desde donde partían las misiones de control fronterizo, de exploración y de apoyo a la base naval de San Blas, para llevar a cabo lo que le ordenaran.
Al llegar a la bahía de San Diego encontraron a los buques San Carlos y San Antonio fondeados, pues habían llegado antes que ellos. Fundaría allí la Misión de San Diego de Alcalá, el 16 de julio de 1769, (San Diego fue un fraile sevillano que en 1441 marchó como misionero a las Islas Canarias, al convento de Arrecife en la isla de Lanzarote, en donde trabajó de portero desde donde tuvo ocasión de ejercer la caridad con gran generosidad, a veces considerada excesiva por sus hermanos de comunidad. Después vivió en el convento franciscano de Fuerteventura).
Siguiendo con Serra, que cumplía los preceptos evangelizadores de Raimon Llull, el 3 de julio erigió la Misión de San Carlos Borromeo, y en julio de 1771 se establecía la Misión de San Antonio de Padua y en agosto la de San Gabriel o de los Ángeles, que se encuentra en la actual área metropolitana de Los Ángeles. El 1 de septiembre de 1772 fundaba la misión de San Luis Obispo de Tolosa.
En cuanto a la presencia en el Canadá. Siguiendo al Regimiento de Voluntarios de Catalunya, a finales de agosto de 1789 la primera compañía al mando del capitán de la Armada Española Pedro Alberni, natural de Tortosa, recibió órdenes para dirigirse a San Blas y participar en una misión en el Pacífico Norte. Así el 25 de marzo de 1790 embarcaron en los navíos Concepción y San Carlos que transportó a sus ochenta soldados voluntarios catalanes a la isla de Nutka, en el tramo central de la costa sur occidental de la isla de Vancouver, donde la compañía reparó y mejoró la batería de cañones creada el año anterior por Esteban José Martínez, que construyó el fuerte de San Miguel de Nutka.
Esta expedición de Francisco de Eliza estableció en Nutka tres líneas de defensa: la propia fragata Concepción con sus trescientas toneladas; los soldados a las órdenes del capitán Alberni en tierra y en la propia fragata; y la reconstrucción de la batería de artillería del Fuerte de San Miguel, que resultó difícil, pues estaba en lo alto de un enclave rocoso pero pequeño. Las troneras debían ser construidas para soportar las armas y la labor llevó cuatro días en situar ocho grandes cañones. Luego, fueron colocados otros seis cañones menores pero no tuvieron espacio para armar otros ocho grandes cañones que Eliza también había traído y fueron almacenados en la orilla de la isla. Da fe de esta presencia catalana la expedición de Alejandro Malaspina, que cuenta que usaban los soldados la barretina, cuando pasó en su expedición en 1791.
Es importante que sobre prejuicios impuestos por intereses partidistas impere la verdad de los hechos, que reconozca la labor colectiva cultural y evangelizadora en la configuración multicultural de los Estados Unidos de América por españoles de todas las regiones.

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