EL PRECIO DE UNA ESTRUCTURA POLÍTICA Y LAS TENSIONES HISTÓRICAS EN ARAGÓN Y CATALUNYA. El tiempo pasa, los conflictos permanecen.


En la víspera del día de Reyes del año 1387 moría a los sesenta y siete años el rey de Aragón Pedro IV el Ceremonioso, fue precisamente quien utilizó el apelativo Principatus Cathaloniae en la convocatoria de las Cortes de Perpiñán de 1350 que presidió, y el término prínceps hace referencia a la primacía del conde de Barcelona sobre los otros condados catalanes, pero nada más, que proviene del prínceps romano (primero entre iguales utilizado por Augusto).
Fue el rey que más tiempo reinó desde la fundación del Reino de Aragón en 1137, la friolera de 51 años de un periodo de consolidación institucional de reino y se caracterizó por incorporar la escritura como instrumento de comunicación del gobernante, trasladando órdenes y reales cédulas a los territorios más alejados de la corte, y con la novedad de la firma autógrafa del rey como garantía de autenticidad. Así, siguiendo a Francisco Gimeno Blay, innovó la forma del gobierno del territorio a través de la escritura. Aunque los registros sistemáticos comenzaron con Jaime I como los registros de la Cancillería.
Este carácter puntilloso del rey Pedro se expresa en la Ordinacions de la casa i cort, que promulgó en 1344 donde el rey personalmente intervino en la traducción de las Leges Palatinae Regni Maioricarum (Leyes palatinas de Jaime III de Mallorca) y que incorpora a todo el Reino de Aragón con la clara y evidente intención de gobernar desde el manuscrito personal o puño y letra del monarca, un espacio de gestión establecida para la aplicación por sus oficiales de las ordenanzas reales.
Esto fue posible por la preparación de Pedro, que siendo el primer príncipe de Gerona se hizo con un bagaje intelectual y erudito que le sirvió en momentos claves de su reinado, interviniendo de forma directa y participativa en la redacción de órdenes que debían recibir quienes por la distancia no podían escuchar directamente la voz de su rey. Así en 1346 creó el cargo de archivero real, encomendado a un escribano de la Cancillería, que no solo debía custodiar la documentación de forma ordenada, sino también expedir las copias solicitadas para su posterior validación. A cuyo archivo acudía el propio rey con la intención de no contradecirse en sus decisiones.
En su Palau Reial de Barcelona ordenó a Bernat Descollo que habilitara una cambra o estancia, con la sola finalidad de concentrar la lectura con la escritura de manera armónica, donde guardaba en cofres los libros leídos por él o consultados, y el objeto de guardarlos en cofres era para llevarlos consigo en sus continuos viajes. Así redactó las Leges Palatinae y las Ordinacions, y ordena la hoja de ruta de los escribanos encargados de la redacción de la propia Crónica.
Fue un monarca interesado por el pasado de su reino, de sus distintas comarcas, y escribir una crónica que relatara lo acaecido, que lo llevó a promover la compilación de la Crónica de San Juan de la Peña, escrita en latín, donde se relata la historia oficial de la dinastía y sobre este texto se tradujo al catalán y al aragonés, donde también se cuentan las vicisitudes del monasterio que custodió el Santo Grial. Termina el relato en su padre Alfonso IV.
Después abordó la crónica de su propio reinado o Crónica de Pedro IV, como he mencionado. A él se debe la fundación de la Universidad de Huesca en 1354. Tuvo que intervenir en las vicisitudes y tensiones de su época, y se empeñó en recuperar para la Corona los territorios que pertenecieron a la Casa de Aragón, dentro de un ideal de expansión mediterránea, y que le enfrentó con sus parientes en Mallorca, Sicilia y Cerdeña. En este orden, derrotó a la unión de nobles en Épila, arrebató el Rosellón a su cuñado Jaime III rey de Mallorca y luchó por la incorporación de Sicilia.
Fue de 1347 al 1348 cuando sofocó la revuelta de la Unión de Aragón, que era una liga de nobles e infanzones para la defensa de sus privilegios, y lo mismo la Unión de Valencia, dirigidas por su hermanastro el infante Fernando, que no aceptaba que hubiera nombrado heredera de la corona a su hija mayor, Constanza de Aragón, cuando todavía no le había nacido ningún hijo varón. La peste negra hizo estragos en el reino y mató a la reina Leonor de Portugal en 1348, que solo llevaba casada un año con el rey. Luego casó con Leonor de Sicilia con la que tuvo tres hijos: Juan, Martín, y Leonor que casó con Juan I de Castilla.
Fue Pedro IV quien instituyó la Generalitat en las Cortes que celebró en Cervera en 1358-1359, cuando necesitó fondos para repeler la invasión castellana a Aragón y Valencia, razón por la que las Cortes designaron doce diputados con atribuciones ejecutivas en materia fiscal y oyentes de cuentas, que bajo la presidencia del obispo de Gerona Berenguer de Cruïlles, controlaba la administración de los gastos, personaje que tuvo enfrentamientos con la nobleza, destacando el mantenido con el conde de Ampurias el infante Ramón Berenguer, tío del rey, al que excomulgó. Obispo férreo y de duro carácter, defensor de la Inquisición.
El rey Pedro el Ceremonioso entró en guerra contra Génova en 1351, luchando con Venecia, porque los genoveses ayudaban a sus enemigos de Cerdeña. Recuperó Alguer y la repobló de catalanes, razón por la que se siga hablando catalán en dicha localidad.
Le sucede su hijo Juan I, llamado el Cazador, o el Amador de toda gentileza, nacido en Perpiñán en 1350, rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña y Córcega, conde de Barcelona, Rosellón y Cerdaña. Y a este su hermano Martín, llamado también Martín I el Humano, nació en Gerona en 1356, y fue rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña y conde de Barcelona de 1396 a 1410, rey de Sicilia en 1409 a 1410. Fundó la Cartuja Real de Vall de Crist. Reinó con paz exterior pero tuvo que soportar las guerras internas promovidas por bandos nobiliarios, en Aragón, donde los Luna luchaban contra los Urrea, y en Valencia los Centelles contra los Vilaragut y los Soler.
El precio de una estructura política estuvo llena de tensiones entre el gobernante y los intereses de las clases dominantes, bien fuera el fanático obispo Berenguer de Cruïlles, o las Uniones aragonesas y valencianas o la burguesía de Barcelona, y como si de una maldición se tratara: el tiempo pasa pero los conflictos permanecen.

(“Alfons V El Magnànim: Canzon alla villota: Dindirindin (El Cancionero de Montecassino, Música Profana)”, de La Capella Reial de Catalunya (Google Play • eMusic • iTunes)

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