Consecuencia de los tributos fiscales injustos y la necesidad de exigir coherencia al gobernante

Vivimos tiempos convulsos, y del entusiasmo de la conformación de la Unión Europea que tan bien acogida fue por la mayoría de la población de los Estados miembros, estamos pasando a una nueva etapa de desconfianza y temores. No está de más entresacar del corazón de la Europa renacentista hechos de gobierno que comportan el límite en el ejercicio de la responsabilidad del gobernante y a que conducen los excesos de los arbitrios y leyes injustas.

El triunfo de Maximiliano. Detalle escuadrones luchando

Estos días, trabajando fuentes documentales de Borgoña, me encuentro con el cerco de Lieja por su gobernante el duque Felipe de Borgoña llamado el Bueno. Corría el año 1452 donde los habitantes de Gante, alarmados con motivo de un tributo impuesto en 1448, que consistía en que por cada saco de sal contribuyesen con dieciocho sueldos parisienses a 6 veinticuatro gruesos de la moneda de aquél país, se resistieron por todos los medios posibles, alegando que no querían tolerar un tributo sobre el agua y el sol, que son dones gratuitos y universales de la naturaleza.

Las pérdidas que tuvieron en repetidos combates inflamaron más sus ánimos ardientes y belicosos, hasta que experimentaron el castigo en el sitio que pusieron el día 14 de abril del referido año a la ciudad de Audenarde, donde intervinieron más de quince mil combatientes, en cuya defensa por la legalidad, las principales mujeres de aquel pueblo, acompañadas de todas las jóvenes, condujeron sobre sus hombros haces de leña y espuertas de piedra para guarnecer las murallas y defenderse de los sitiadores insumisos, como lo lograron, dando tiempo a que acudiesen las tropas del duque Felipe el Bueno, que unidas con las que salieron de la plaza y al mando del conde de Estampes, obligaron a levantar el sitio a los sediciosos después de un sangriento combate en que dejaron más de tres mil muertos en el campo de batalla.

El duque perdonó a los rebeldes compadecidos de lo injusto del tributo que originó la rebelión, pero esta generosa acción de su compasivo ánimo la tomaron sus vasallos de Dinant, en el país de Lieja, como debilidad y licencia de su insolente orgullo; y se sublevaron en 1466 contra el duque, y quitaron la vida Juan Le-Charpientier y a otros tres de los más distinguidos sujetos de aquel pueblo, y que habían intervenido y tratado de alcanzar la paz con el gobernante, y no contentos con estos homicidios profirieron contra la persona del duque palabras muy injuriosas, cuyo atentado le obligó a reducirlos y aplicar el rigor de la ley.

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