Discusiones bizantinas.

DISCUSIONES BIZANTINAS.

De mis viajes al Reino Unido aprendí que lo más importante es llevar dinero, porque allí eres lo que representas, lo que ven de ti allí en donde te muevas, y en este caso de la posible independencia de Escocia, me preguntaba ¿qué ganaría el hombre de a pie con ella?

El Reino Unido es de los pocos países europeos donde aún se respira diferencias de clases sociales, donde la gente hace su vida en su barrio y con su gente, donde el proletario hace vida de proletario, y va a su pub y hace deporte con sus amigos, y guarda la bolsa del té para que le dure varias veces. He visto escribir en una libreta con lápiz blando para borrarla a fin de año y poder usar la misma al año siguiente. Como licuar la tinta para que dure más, o la compraventa de ropa de segunda mano. Eso forma parte del sistema británico como la diferenciación en la estima de la licenciatura según la Universidad donde se consigue el título. Allí no hay igualdad de oportunidades sino que cada uno tiene la suya, que son conceptos distintos. No se trata de ser rico, sino de vivir como rico, pues hay gente que ha hecho grandes fortunas y viven miserablemente, y otro viven como ricos siendo pobres, estirando el cuidado de las formas y la dicción.

Así que en esta vigilia esperando el fallo del referéndum en Escocia, había varias preguntas que quedaban sin respuesta. ¿Por qué el primer ministro había caído en semejante trampa? ¿Cuál sería el futuro político de David Cameron si ganaba el SÍ? ¿Qué pensarían los proletarios del norte de Inglaterra o Gales, sin futuro ni esperanza?

Me vino a la mente que la expresión “discusiones bizantinas” se refiere a todo tipo de discusiones que atrapan indefinidamente a sus participantes en largas discusiones muchas veces sin sentido para el común de las personas, y sin que en el fondo resuelvan los problemas, porque versan sobre aspectos del que nadie puede probar, en un sentido o en otro, dónde está lo mejor para todos.

En el fondo, predomina de nuevo Karl Popper y su paradoja, cuando en su obra La Sociedad abierta y sus enemigos  dice: “En nombre de la tolerancia, debemos de reivindicar el derecho de no tolerar a los intolerantes”.

Jomo Kenyatta, primer presidente de Kenia, cuyo nombre original fue Kamau wa Ngengi, conocido por los suyos como “el hombre mayor” dijo: “Cuando llegaron los blancos, nosotros teníamos las tierras. Ellos trajeron la Biblia y nos enseñaron a rezar con los ojos cerrados. Cuando los abrimos, ellos tenían las tierras y nosotros, la Biblia”.

Tanto Popper, que dio clase en Londres, y Jomo Kenyatta que los conocía bien, sabían de lo que hablaban desde el conocimiento profundo de lo Británico, es decir, el uso exquisito del discurso y las formas, y la defensa a ultranza del libre comercio de los que son hábiles maestros. Los británicos toleran las desmesuras del nacionalismo cuando toca al corazón, pero jamás lo harán cuanto afecta al bolsillo. ¡Dios guarde a la Reina!Discusiones Bizántinas

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