Presentación del libro de Enrique Acosta sobre las iniciativas del empresario Don Louis Camacho

8Ayer en Tacoronte, en la Casa de la Cultura, llena a rebosar la sala Oscar Domínguez, presenté el libro de Enrique Acosta sobre la figura de don Louis Gomes Camacho. Un personaje singular que transformó el Tacoronte que le tocó vivir.
Había nacido en Funchal, Madeira en 1850, y se trasladó a Tenerife dicen que por problemas de salud, pero es más probable que fuera buscando un horizonte más abierto que la falta de muelle de la Madeira de su tiempo, llena de anécdotas sobre cómo bajar a tierra sin caer al agua.
Lo cierto es que Louis Camacho, un gran observador, vio que Santa Cruz no tenía un hotel al uso de lo que al comienzo del siglo XX demandaban los huéspedes, es decir, cuartos de baño higiénicos, limpieza y un comedor que se nutriera de una cocina profesional a satisfacción del público. Así que eso fue lo que logró, primero en el establecimiento alquilado al comienzo de la calle de la Marina, y luego en la calle San Francisco 5, en un hermoso edificio con balconada atlántica, donde hoy se levanta el esperpento del edificio del Banco Popular.
También descubrió que en Santa Cruz hacía demasiado calor en verano, y por lo tanto Tacoronte ofrecía un lugar inmejorable para los veraneantes y sus familias. No se trataba de construir un hotel para tísicos europeos, sino para personas sanas y saludables que deseaban pasar sus vacaciones de verano.
Así nació el Hotel Camacho de Tacoronte. Y don Louis, con ese decir de Crosita, el periodista que lo exasperaba con sus provocaciones, diciendo que brincaba, (término portugués que significa el jugar de los niños), al que contestaba acalorado: “Yo, que he enseñado a comer con cubiertos de pescado a la sociedad de Santa Cruz”.
Así fue como este hotel Camacho de Tacoronte fue un catalizador de reuniones políticas de primer orden, donde se discutía la ley de Puertos Francos, al que acudía Villalba Hervás e Imeldo Serís, y los políticos más relevantes de la época como Eduardo Domínguez, Ramón Gil Roldán y tantos otros. Donde los profesionales como el doctor Pisaca y el doctor don José Fariña y comerciantes como don Carlos Hámilton o don Jacobo Halers pasaban su veranos, y sus hijos se conocían y relacionaban en fiestas memorables y excursiones simpáticas al Monte de Agua García, y otros lugares de la comarca en en excursiones de burros y distintos medios de locomoción.
Don Louis Camacho trajo los primeros transportes públicos de la mano de Alexandre, importando de Francia unos compactos autobuses, “guaguas”, que acabaron con las diligencias de mulos y caballos. Y como hombre que conoce su oficio y por lo tanto la importancia de las formas, el servicio por él iniciado no entorpecía el tranvía que llegaba a La Laguna desde Santa Cruz. Así que su transporte partía de La Laguna pasando por La Orotava e Icod, para terminar en Garachico.
Era un hombre que hablaba varios idiomas y su capacidad de iniciativa y convicción logró que el tranvía belga, cuyo gerente era Armando de Massy, prolongara las vías hasta establecer la estación término en Tacoronte. Logró que dos reyes visitaran su hotel, el rey Leopoldo II de los Belgas y don Alfonso XIII, al que sirvió tan buen desayuno que en uso de sus prerrogativas dio a Tacoronte el título de ciudad. También visitó luego el hotel la infanta Isabel de Borbón y su esposo el infante don Luis Fernando de Baviera. Eran épocas donde de la mano del Dr. Allart, cónsul de Bélgica, trajo a Tenerife progresos inauditos y no suficientemente reconocidos además del tranvía, instalado en el Cairo, Lisboa o Buenos Aires, Y así la maquinaria para las fábricas de ron y aguardientes, los motores de las elevaciones de agua y las plantas eléctricas.

Animo a leer esta magnífica obra de Enrique Acosta, escrita con una prosa cuidada y amena, y a disfrutar de un libro hecho con gran esfuerzo y amor por lograr el reconocimiento de don Louis Camacho, que casó en segundas nupcias con Rosa Gonçalves, y su hija Rosita contrajo matrimonio con nuestro don Domingo Pérez Minik y Guillermo con Concepción Machado Martínez.

Así cuando contemplemos Tacoronte y lo que es, que no es poco, tendremos una clave de respuesta a la modernidad de una época gozosa en la que el Gran Gatsby de la mano de don Louis Camacho pudo sin duda bailar elegantemente en su hotel con miss Europa 1935, Alicia Navarro, que también estuvo, como se ve en la foto.

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