Cuando pienso en lo que sucede.

El tahur del Bosco

En estos últimos días de agosto se respira cierta intranquilidad en el ambiente, como si se tratara de una confluencia de energías que en distintos campos quiere manifestarse. Pudiera ser la fuerza de la mar, ese necesario rebosamiento que limpia el litoral, de una isla cargada de población y de basura flotando en suspensión; pero también, probablemente sea la impaciencia del espectador el que hace más fácil la labor del prestidigitador para confundir los sentidos.

En esta lógica en que se mueve la política española, se convierte en más importante lo que no sabemos que lo que conocemos, por ello no me extraña que se hable de lo inesperado, de lo que brota como algo singular, en donde se fijan las miradas de los comentaristas y expertos. En este sentido viene al caso de la confesión de Jordi Pujol, que dinamita el proceso catalanista porque rompe sus tiempos, y la culminación lógica de una obra comenzada por él la aborta el mismo fundador del partido que la promueve. ¿Por qué lo ha hecho? Quizás porque al dragón le han tocado sus crías, el paso a la eternidad a través de su descendencia. A primera vista parece la rabieta de un héroe maltratado, que desde el Olimpo lanza sus rayos aquí y allí, o en el Sinaí quema hasta derretir el “becerro de oro”, una nueva forma de expresar la ingratitud de un hombre soberbio, que al girar rompe la espléndida vajilla con su manto de armiño. Aunque no cuadra con la fría mente de un banquero acostumbrado a calcular el riesgo de la operación, para al final ganar siempre. ¿Habrá detrás de todo esto un pacto de Estado?

Esta rareza se da también en la escena política canaria, lo cual causa aun mayor desconcierto, porque al haber mayor incapacidad verbal para expresar la posición política que se defiende, da la impresión de que el discurso está fundamentado en “rarezas”, ya que son posiciones diferentes a la de los expertos mundiales que predicen que los servicios han de ir unidos al desarrollo industrial y al desarrollo de las altas tecnologías, pues un pueblo que vive sólo del turismo se convierte en esclavo de la actividad servicio, sin capacidad de trascender ni de realizarse, sino siempre sirviendo hasta su muerte a las multinacionales del ocio y del transporte. Nadie es rico hasta que trabaja con su propio capital, lo cual se ha de aplicar al impulso que se ha de tener en la alta política, para mantener un brillante y convincente discurso propio, pero sin dinero, a dónde se quiere llegar o es simplemente una operación de cambiar de amo. Una vieja leyenda isleña cuenta que dios repartió las cabras a los habitantes de la isla y a las siguientes generaciones no habían para todos y estos imploraron a dios que les diera más, a lo que dios le contestó que trabajaran para los que las tenían.

En realidad, este desconcertante mes de septiembre comienza lleno de incógnitas, porque continuamente se habla por los políticos de leyes, de reglas, de abstracciones, de restricciones, cuando el ser humano quiere que se le presenten hechos que cambien para mejorar su precaria vida, de una vez dejar que la gente tenga suerte y al generar ahorros tener sus propios negocios, lo cual es contrario a la política que se sigue, que es salvar a los dilapidadores con el dinero que se recauda, y generar un cuerpo de funcionarios de Hacienda, que se han adjudicado una buena parte la autoridad pública, ocupando todas las avenidas de la historia política con una interpretación de la ley muchas veces parcial y confiscadora.

Lo que demanda la población en general es que la dejen en paz, porque de ella no depende el cambio que se necesita, que es la reforma de la estructura del Estado.

Los hechos inauditos que suceden todos los días en la escena política nacional no han de ser puntos de partida, porque no existen soluciones desde la improvisación o el caos. Tampoco desde el exceso de ordenación de lo cotidiano.

 Detalle de un cuadro del Bosco.

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