Por qué escribo historias sobre fuentes documentales.

Cuando era joven vivía en una casa inabarcable, donde simplemente se limpiaban varias habitaciones para pasar el verano. En un camión de los utilizados para cargar fruta llegaban los muebles, la ropa y los utensilios para esa vida de ventanas abiertas que hacen tan felices a todos. Por eso, en esas tardes interminables curioseaba en cajas que contenían papeles que no interesaban a nadie. Ahí aprendí que habían otras voces que permanecían silenciosas, que de siglos atrás me hablaban y necesitaban una voz que diera testimonio de qué había sido de sus vidas. Nació para mí la obligación de prepararme para hablar por ellos desde el respeto y la distancia que marca cada época para aquel que entra en ella, mundos concéntricos donde las razones vienes explicadas por esa expresión utilizada entonces: “en uso de la inteligencia que Dios tuvo a bien darme”, un comedimiento y mesura, un respeto por los demás tan necesaria para que todo funcione en armonía, sin que se deshaga ni pierda su pátina lo que tocamos.

En la imagen, casa de la Hacienda La Vizcaina, que perteneció al marqués de Torrehermosa, y por matrimonio integró el patrimonio de Villanueva del Prado y de estos a don Luis González de Chaves, La heredó su hija María Luisa que casó con Pedro Machado y en donde vivió el autor de joven.   

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