Auge y ocaso de Nava y Grimón.

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El próximo martes, 6 de febrero 2018 a las 19,00 horas, se celebrará en La Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, la presentación del libro de José Luis Machado:
AUGE Y OCASO DE LA CASA DE NAVA Y GRIMÓN EN SUS FUENTES DOCUMENTALES.

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Anagrama de la Económica                                                 Anagrama de Estudios Genealógicos y Heráldicos

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Sociedad de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Canarias.

 

Derecho a un lenguaje claro y tajante en la política, reflexión sobre su uso en Estados Unidos y en España.

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Senadores romanos juzgando a Julio César de von Piloty

Alexis de Tockeville dice en La democracia en América: «a menudo he observado que los americanos, que en general tratan todos los asuntos con un lenguaje claro y tajante, desprovisto de todo adorno, y cuya extrema sencillez resulta a menudo vulgar, suelen caer en la ampulosidad en cuanto abordan el estilo poético, mostrándose pomposos de la primera palabra a la última».

Esta afirmación escrita en 1831 es de rabiosa actualidad si se aplica a los líderes políticos españoles salvo raras excepciones, pero en sentido contrario, pues manifiestan cuando hablan de temas trascendentes a la ciudadanía una ampulosidad fuera de toda sencillez, empleando un lenguaje nada claro ni tajante, utilizando medias verdades y siempre dispuestos a dialogar pero sin hacerlo.

En realidad vivimos en una sociedad que se ha acostumbrado a las ocurrencias con mayor impacto mediático, y cuanto más originales mejor, y eso nada tiene que ver con lo que esperan los gobernados de sus representantes, que son soluciones claras y tajantes, encaminadas al bien común y sin tener que recurrir al imperio de la ley, pues en la política de un régimen democrático está separado el poder judicial y también el Gobierno del legislativo.

Sigue diciendo Tocqueville que «en las sociedades democráticas, cada ciudadano está habitualmente ocupado en un pequeño objeto, que es él mismo. Tan pronto como eleva la mirada, no percibe ya más que la inmensa imagen de la sociedad, o la figura, aún más grande, del género humano. No tiene sino ideas, o muy particulares y claras, o muy generales y borrosas; el espacio intermedio está vacío».

En la era de la comunicación y las redes sociales, va siendo hora que los políticos se juzguen por parámetros de eficacia, dentro de un régimen democrático de responsabilidad de su gestión, para acabar con estas incertidumbres que llenan a la inmensa mayoría de la población de desasosiego, e ilusionar a la sociedad que gobiernan con algún resultado prodigioso de alta política y aunque les parezca que pierden en realidad ganamos todos, y por un instante podamos pensar que nos alegran la vida.

Fdo. José Luis Machado.

Pintura de Carl Theodor von Piloty titulada “Juicio a Julio César” (1865). Senadores romanos interpelando a Julio César.

COLOMBIA: EL ORO DEL BOGOTÁ, EL DORADO, LAS AMAZONAS, PRESENCIA DE ISRAEL.

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lucha de las amazonas
Lucha de las amazonas.

En la entrada y exploración del río Magdalena por Jiménez de Quesada, un personaje elegante y enigmático que era tan guerrero como escritor, y en palabras del capitán Lázaro Fonte, tildado de converso, una vez que el río le impedía seguir y descubrió el intercambio de sal de una cultura más refinada que portaba sal mineral en forma de pastel, así como telas de vivos colores desde una región desconocida hasta la margen del río para intercambiarla con los indios de las riberas, se aventuró a continuar en busca de esa cultura desconocida.
En eso moría don Pedro Fernández de Lugo en Santa Marta, y concretamente el 30 de mayo de 1537, abandonado por su hijo y heredero don Alonso Luis que huyó a España llevándose el oro descubierto en Marobare. Razón por la que la Real Audiencia de Santo Domingo nombró al licenciado Lebrón, que escribió desde Santa Marta diciendo lo despoblada que se había quedado el asentamiento por la expedición al río grande de la Magdalena, y según comunicó a Santo Domingo el 5 de junio de 1537 «no se sabía nada de su suerte, cuando habían transcurrido más de dos años de su partida».
Desde su campamento de la Tora, Gonzalo Jiménez de Quesada mandó una avanzadilla que subieron la escarpadas sierras de Opón, dirigida por los capitanes Lebrija y Céspedes que llegaron al altiplano, lo que trasladaron a Jiménez de Quesada que el 28 de diciembre de 1536 subió con la mitad de su tropa.
A finales de 1542 apareció don Alonso Luis Fernández de Lugo en Santa Marta, porque Carlos I le había otorgado en Bruselas el 16 de septiembre de 1542 la gobernación del Nuevo Reino de Granada. Con él venía Juan Pérez de Cabrera. Este lo acompañaba para intentar cobrar la mitad de la nao comprada a Francisco Galdámez. Así se había juramentado el mismo Cabrera con su primo Julián de Lezcano y Pedro de Toledo, Rodrigo de Anaya, Rodrigo de Carranza y Cristóbal de Ávila, puesto que Cabrera se concertó con ciento cincuenta soldados para comprar el flete del navío que los debía llevar, pagando cada uno 15 ducados, y la promesa de 150 ducados a pagar en destino. Fernández de Lugo por el contrario decía que el navío lo había comprado él solo, encargando a Jácome Boti la compra a Galdámez en 250 ducados (según consta en Noticias historiales, segunda parte, II 6, de la edición de Bogotá, citada por Juan Gil en Mitos y Utopías del descubrimiento. El Dorado). Es decir, que llegaron peleados.
Jiménez de Quesada se internó en el valle de los Alcázares hasta llegar el 21 de abril de 1537 a presencia del cacique Bogotá. Y exploró en todas direcciones, así en el Sur hasta el valle del Neiva; al noreste Tunja, Chocontá, Turmequé y Sogomoso.
En la jornada de los hombres de Santa Marta al altiplano, un cacique le cuenta a Quesada que «el gran cacique Tunja tenía tres casas llenas de oro»; y los capitanes Lebrija y San Martín confirman «dicen los naturales de la tierra que tiene una casa de oro».
También lo que cuentan de las amazonas: «estando en el campamento real de este valle de Bogotá, tuvimos nueva de una nación de mujeres que viven por sí, sin vivir indios entre ellas, por lo que las llamamos amazonas, y que de ciertos esclavos que compran se empreñan; y si paren hombres los envían a sus padres, y si son mujeres las crían. Visto por el teniente Quesada tal novedad en tal tierra como esa, envió a su hermano con alguna gente de a pie y de caballo, a ver si era así lo que los indios decían. No pudo llegar a ellas por las muchas sierras de montañas que había en el camino, aunque llegó a tres o cuatro jornadas de ellas, se traen el mismo oro que hay en esta tierra y en la de Tunja».
En 1539 declaró públicamente Lázaro Fonte y el doctor Beltrán y el licenciado Velázquez en 1540 que sabían muy bien que Gonzalo Jiménez de Quesada descendía de conversos judíos reconciliados. Esto además lo sostenían basándose en topónimos puestos por él, como la Tora (o enclave de los cuatro brazos del río Magdalena de donde comenzó su escalada al altiplano). También el cronista Freire cita que alrededor de Bogotá fundó doce ranchos, en recuerdo de las doce tribus de Israel.
Fue precisamente en ese año de 1539 cuando se comienza a hablar del Dorado, y surge la leyenda que se pone en boca de Sebastián de Belalcázar, que habla del cacique de una región que se introducía todos los días en un lago y al salir desnudo lo ungían con una especie de resina sobre la que espolvoreaban polvo de oro, que era su único vestido, y que su resplandor era portentoso. Según cita Fernández de Oviedo. Como asimismo los hombres de Pizarro hablaban de la canela o isfingo que los indios tenían en unos hilos ensartados como panecillos de azúcar, y es descrita por Monarde y por Cieza de León.
Dejando para una próxima ocasión el tesoro con el que se hizo Gonzalo Jiménez de Quesada en Colombia y cuál fue su destino.

Salinger o sobre un libro de guerra.

“Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo cuando van entre el centeno, muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños, y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilandolos. Sólo yo. Estoy al borde del precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Yo sería el guardián entre el centeno”
J. D. Salinger o mejor dicho: Jerome David Salinger, nació en Nueva York el 1 de enero de 1919 en Cornish. Es conocido por El Guardián en el Centeno, publicado en 1951, donde suelta frases como ésta: “No sé por qué hay que dejar de querer a una persona sólo porque se ha muerto. Sobre todo si era cien veces mejor que los que siguen viviendo”.
Perteneció a una familia acomodada que vivía en la 5ª Avenida frente al Central Park y se educó en buenos colegios, además salió con Oona O´Neill, juvenil musa del Nueva York de su tiempo, llamada por Truman Capote “el cisne”, hija de Eugene O´Neill, premio Nobel y Pulitzer, que después sería esposa en 1943 de Chaplin, lo que consideró Salinger una traición, ya que sucedió mientras él luchaba en el frente, y se enteró al dejar de recibir sus cartas y leer la noticia en los periódicos. Participó en el desembarco de Normandía en el Día D. Y sufrió una de las mayores carnicerías cuando su unidad fue diezmada, por el empecinamiento de avanzar por un bosque donde la artillería alemana provocaba verdaderos estragos de muerte y destrucción. Luego, liberó un campo de concentración. Con todo volvió a América con síndrome de guerra que lo hizo aislarse del mundo, viviendo un una colina donde se fabricó un búnker separado de la casa familiar. El guardián el el Centeno, que lo llevó en la mochila durante la contienda, es sin duda por ello un libro de guerra, que fue escribiendo en las guardias para sobrevivir al horror, pero también la fama que súbitamente produjo lo aisló de las masas, aunque siguiera conservando amistar con sus tres compañeros de guerra. Casó dos veces y tuvo dos hijos. Viajó mucho y siempre de incógnito.
Lo atrapó la religión vedanta: por la que “la realidad está condicionada, como un espejo torcido, por el tiempo, espacio y causalidad. Nuestra visión de la realidad se ve aún más distorsionada por la identificación equivocada: tendemos a identificarnos más con el cuerpo, la mente, y el ego, que con el el divino ser que mora en nuestros interior”. Así que esta religión más que ayudarlo los separó y aisló de la creación literaria. Murió el 27 de enero de 2010. Él escribió: “Los libros que de verdad me gustan son esos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras”.

Fotos: Salinger y su hermana Doris. Oona O¨Neill.​

Las declaraciones de Jorge Marichal.

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Cuando Jorge Marichal declara en la prensa que “en este país, quien se deja explotar es porque quiere”, lo dice porque lo piensa; pues como dice Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.” Ya que es un personaje lo suficientemente calculador para no cometer el error de la improvisación insensata. Ahora bien, no estaría de más preguntarle: ¿Por qué te dejas explotar? ¿Cuánto ganas con ello? ¿Por qué explotas a los demás, cuánto ganas con ello? Estas preguntas las hago en clave de humor, porque no las va a contestar y no estoy para perder el tiempo.

Yo trabajé para Marichal desde diciembre de 2002 por más tiempo del que hubiera deseado, le refloté una empresa en ruinas y vi cómo usaba y tiraba a las personas dejándolas endeudadas. Conozco a la persona y al personaje, y sé lo que da de sí y cuanta insatisfacción alberga: “esa tristeza acompañada por la idea de una cosa pretérita, que ha sucedido contra lo que esperamos”, como dijo Espinoza. Así que no pidamos más a quien no puede dar más de sí. Representa la mediocridad de quien lo sostiene y utiliza.

Estas islas son tesoros frágiles que necesitan del cuidado y mimo tanto de sus habitantes como de su naturaleza, pues “no puede una cosa ser causa de otra, si entre sí nada tienen en común”, citando a Baruch Espinoza.

La familia y hacienda de Nava y Grimón: En sus fuentes documentales

Este libro, que acaba de publicarse en Amazon.es, se fundamenta en las fuentes documentales familiares, de manera que desde una perspectiva poblacional describe la llegada de Jorge Grimón con su mujer e hijos, su asentamiento en los Realejos, y el ascenso de la familia en las sucesivas generaciones, que crea un extenso patrimonio en la isla de Tenerife y en Gran Canaria, con la compra de la Aldea de San Nicolás y la construcción de la mansión de La Laguna, en el antiguo solar que le tocó en repartimiento. La unión con los Vázquez de Nava y su sucesión en los Nava Grimón, marqueses de Villanueva del Prado, pero fundamentalmente trata los contratos de censos, con los tributos anuales en especies. La relación con la población en los Realejos, La Orotava, Tacoronte, Valle de Guerra La Laguna y la Aldea de San Nicolás. La correspondencia recibida por don Alonso de Nava tanto en el periodo de la Junta Suprema de Canarias como la suya particular.
Un libro que abre un nuevo ciclo de conocimiento sobre la relaciones económicas que configuran la sociedad isleña en el Antiguo Régimen, tanto en Gran Canaria como en Tenerife. Volumen primero sobre los Nava Grimón, sus enlaces y fundamentos de su economía.